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jueves, 17 de marzo de 2011

PRENSA CULTURAL. Crítica de "Nada", novela de Janne Teller

Janne Teller

   En "El Día de Córdoba":
Los ritos de paso de 'Nada'

   Desde que vio la luz, la novela de Janne Teller ha sido bendecida por unos y temida por otros, que veían en ella unos contenidos "impropios" para los lectores más jóvenes.

José Abad
Actualizado 02.03.2011

   Nada llega a nosotros precedida por la batahola del escándalo. Desde que viera la luz en Dinamarca, la novela de Janne Teller ha sido ensalzada por unos, que la han bendecido con socorridos premios de apoyo, y observada con temor por los contrarios, que han pretendido quemarla en las hogueras del silencio comercial. Los hechos serían éstos: el Ministerio de Cultura danés le concedió el premio al mejor libro juvenil en 2001; en respuesta, algunas librerías se negaron a ponerla en sus estanterías a causa de unos contenidos "impropios", dijeron, para una obra destinada a los chavales (ya saben, cerrar un libro es más fácil que apagarles la televisión o el ordenador). Hoy, pasada la borrasca, Nada despunta entre las lecturas recomendadas en los colegios de toda Dinamarca.
   En zona francófona también se encendieron diversos focos de discordia. En Francia, el libro encontró el viento de cara por idénticos motivos, mientras en Bélgica lo laureaban, imagino, por las mismas razones. En Noruega sucedió otro tanto: varias escuelas religiosas de la región de Vestlandet se hicieron el signo de la cruz al par que entonaban un vade retro lastimero; en el resto de centros educativos noruegos, no obstante, entraba con absoluta tranquilidad en los planes de estudio. La guinda al pastel la puso el diario Die Zeit, que lo reconoció como el mejor libro publicado en Alemania el año pasado. La polémica, como sabemos, lejos de hundir el objeto de vituperio suele encumbrarlo a púlpitos que, por cauces normales, quizás le habrían quedado a trasmano. En la actualidad, Nada se ha traducido a una docena larga de idiomas y la mancha sigue extendiéndose. Ahora bien, ¿era para tanto el jaleo? Diría que no. Y diría más: si se abunda en ello existe el riesgo de malbaratar una lectura mesurada de la novela. Porque ¿qué tenemos realmente entre manos?
   Janne Teller ha hecho una muy estimable incursión en una veta narrativa escasamente explotada, aunque visitada ya por Richard Hughes en Huracán en Jamaica (1929) o William Golding en El señor de las moscas (1954). Al igual que éstas, Nada plantea una situación de soterrada violencia en la cual los niños y adolescentes protagonistas pasan de víctimas a verdugos con una facilidad pasmosa. En contra de afeites y embellecimientos made in Hollywood, estas ficciones coinciden en presentar al ser humano, desde su más tierna edad, como potencialmente explosivo, no en tanto individuo, sino como miembro de la tribu. En los procesos de selección e integración, el grupo exige a veces pruebas inquietantes. Los protagonistas de Teller son una veintena de chicos entre trece y catorce años que asisten inquietos a la rebelión de un compañero, Pierre Anthon, que abandona la escuela con una sentencia apocalíptica en los labios: "Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo".
   Acto seguido, Pierre se encarama a las ramas de un ciruelo y pasa los días castigando a sus excompañeros con ciruelazos y consignas de un nihilismo desestabilizador. La clase al completo decide contrarrestar tales ataques demostrándole que la vida sí tiene sentido. En una serrería abandonada, inauguran una especie de museo con objetos llenos de significado. A la nada de Pierre pretenden oponer el todo, pero la empresa no tarda en torcerse. Puesto que ninguno hace aportaciones de relieve, plantean la colecta de esta manera: cada miembro pedirá al siguiente algo de valor, importante, significativo. Empiezan con pequeñas cosas de las que, en cualquier caso, les cuesta desprenderse -sean unas zapatillas, sea una bicicleta-, y casi de inmediato, arrastrados por una inercia temible, se descubren reclamándose objetos cada vez más íntimos o acciones cada vez más exasperantes: un hurto, una concesión, una profanación, un sacrificio, etc. La barbarie, pasándoles los brazos por encima del hombro, se incorpora al juego.
   El estilo directo, franco, típico de los relatos juveniles, convierte Nada en un artificio impactante. El planteamiento es impecable y sagaz, implacable y mordaz. Se trata de enfrentar a unos personajes a las consecuencias de sus actos sin los asideros de moralinas ni moralejas, de ahí que la lectura sea harto recomendable para los chicos y, por supuesto, para sus padres. La propuesta advierte de la peligrosidad intrínseca en ciertos valores absolutos. Quizás sea preferible desearlo todo sin esperar nada a, como sucede en nuestra sociedad, no desear nada y tenerlo todo. Imaginemos, sin embargo, lo beneficioso que sería prescindir de conceptos como todo o nada en el vocabulario de cada día.

   Nada. Janne Teller. Seix Barral, Barcelona, 2011. 160 páginas. 16 euros.
   Aquí, otra crítica.

miércoles, 2 de marzo de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". "La miseria y la nada", por Sergio Rodríguez Prieto. (Reseña de "Nada", novela de Janne Teller)

Janne Teller

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
La miseria y la nada

SERGIO RODRÍGUEZ PRIETO 26/02/2011

   Janne Teller trama un artefacto narrativo irregular literariamente, pero eficaz en su cometido de reclamar del lector una actitud crítica frente a la violencia o la intolerancia.

   El lector que se encuentre en su librería habitual con la edición española de Nada no hallará en la portada ni en la contraportada ninguna pista que le pueda llevar a pensar que es una novela originalmente escrita para adolescentes. Tampoco es el primer caso de literatura juvenil que conquista al público adulto, se propaga de boca en boca y se convierte por mérito propio en una novela para lectores de todas las edades. Pero Nada va un paso más allá: su temática es tan arriesgada y su tratamiento tan crudo que ha ido sembrando la polémica a su paso, ganándose admiradores y detractores cuyas disputas en torno a la visión descarnada que proyecta la obra han acabado lanzando a la fama a su autora.
   Ya con el libro en sus manos, el lector verá en la solapa una foto de Janne Teller y la breve reseña biográfica al uso que, en este caso, aporta más información de lo habitual, ya que su área de especialización profesional antes de dedicarse a la literatura (la gestión de conflictos) y los lugares donde ha vivido y trabajado para organismos internacionales (Tanzania, Bangladesh y Mozambique) son datos de especial relevancia a la hora de entender la estructura y concepción de la novela. La prevención y gestión de conflictos son una rama relativamente joven de la acción exterior, a caballo entre la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria, que se propone analizar los escenarios políticos para detectar semillas de violencia y atajar posibles guerras, éxodos o genocidios. Y al igual que sucede con la cooperación, se trata de una disciplina que pretende a duras penas encajar la realidad en marcos lógicos, metodologías, planes de acción y escenarios teóricos que a menudo son desbordados por los acontecimientos.
   Quizá debido a una feliz deformación profesional, Teller ha trasladado al terreno narrativo el rigor conceptual de este enfoque para abordar problemas tan actuales como la intolerancia, el proselitismo, el miedo colectivo o el fundamentalismo, hasta cerrar un artefacto de ciento cincuenta páginas que al lector descuidado le puede explotar en las manos. Y es que el argumento prende como una mecha ya desde el arranque, cuando un alumno abandona su escuela en un pequeño pueblo danés exclamando: "Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo". Empeñados en demostrarle que la vida tiene sentido, sus compañeros emprenderán un juego de pruebas y sacrificios que les irán precipitando en una espiral demoledora. Vale que los personajes se le quedan a Teller un poco huecos y acartonados, que la secuencia de los hechos es poco verosímil, que la prosa peca de una simplicidad extrema y las técnicas narrativas para generar suspense tienen escaso valor literario. Pero a medida que uno avanza en la lectura y va asistiendo a esa escalada de violencia que conduce a escenas cada vez más truculentas, también va entendiendo que su objetivo consiste en reclamar al lector una actitud crítica y despierta. Después de todo un planteamiento tan esquemático es propio de esa "novela de ideas" que ya Voltaire cristalizó con su Cándido, donde los personajes encarnan modos de ser o actitudes, y la acción sirve de cauce para un proceso reflexivo que saca a la luz cuestiones políticas o filosóficas de gran calado.
   Es a través de esta vía, y no del estilo o la trama, como Nada logra lo que casi toda obra literaria se propone: conmocionar al lector, estallarle en la conciencia y dejar una onda expansiva que se prolonga durante días, incitándole a reflexionar sobre temas que no se explican fácilmente en una columna de periódico o una cuña del telediario. Pero ante todo, al ofrecer un espejo que no devuelve una imagen precisamente grata del ser humano, impone una obligación moral que afecta por igual a jóvenes y adultos de los países supuestamente desarrollados: la necesidad de anteponer la autocrítica a la autocomplacencia cuando nos permitimos juzgar lo que ocurre en otras sociedades sin preguntarnos hasta qué punto somos responsables de la miseria ajena, y en qué medida la llevamos dentro.

Nada
Janne Teller
Traducción de Carmen Freixenet
Seix Barral. Barcelona, 2011
158 páginas. 16 euros