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viernes, 21 de septiembre de 2012

PRENSA. "Conviértase en un dandi con consejos literarios", reportaje

El escritor Oscar Wilde en una imagen de 1882. / ASSOCIATED PRESS. ("El país")

   En "El País":

Conviértase en un dandi con consejos literarios

'Prodigiosos mirmidones' repasa a través de la literatura la figura de estos héroes numantinos

 Madrid 19 SEP 2012

Hay ocasiones –pocas- en las que la vida y el arte encuentran efímeros espacios de convivencia donde pululan personajes capaces de erigirse en héroes numantinos sin quitarse la máscara. Se llaman dandis y traspasan límites temporales y geográficos haciendo de su rebeldía disonante enseña anti etiquetas. Prodigiosos mirmidones (Capitán Swing, 2012) disecciona desde la literatura esta figura tomando la definición que Baudelaire usó en 1863 para denominar a los integrantes de una curiosa secta que se extendía poco a poco en la alta sociedad parisiense.
"Estos seres no tienen otro problema que el de cultivar la idea de lo bello en su persona, satisfacer sus pasiones, sentir y pensar", escribiría Baudelaire. "La más absoluta simplicidad es el mejor modo de distinguirse". Leticia García y Carlos Primo, coordinadores de este manual del perfecto dandi –aunque su intención nunca ha estado más lejos de armar un decálogo-, han sacado de textos de Honoré de Balzac, Thomas Carlyle, Virginia Woolf, Albert Camus y Francisco Umbral, la excusa perfecta para hacer apología de una efigie ¿en extinción? 
"El espíritu de un hombre se adivina por su forma de llevar el bastón. Las distinciones se envilecen, o mueren, al hacerse comunes", argumenta Balzac en el Tratado de la vida elegante que se incluye en Prodigiosos mirmidones. La apariencia es esencia en los dandis, hasta que la atraviesa la masa. “El síntoma definitivo que augura la desaparición de esta figura es, curiosamente, la incorporación del término al lenguaje general”, aseguran los autores.
¿La moda mató al dandi, como dijo Barthes? "Es el estilo de vida lo que los hace únicos, no el dinero, el poder, la posición, el talento o la inteligencia", apunta Tom Wolfe en Underground de mediodía. Su descripción del prototipo que salió de la subcultura británica -"muchachos y muchachas con atuendos sexy, chavales con pantalones de taleguilla, minifaldas, medias de malla, sostenes de media copa, montes de venus a medida, modelos de Cardin, escotes hasta el ombligo, zapatos Victoria, pliegues invertidos, maxi-pelos, maxi-ojos,..."- contrasta con el clásico modelo que glosó Virginia Woolf en Beau Brummell: "Beau de quien había emanado lo gracioso y lo exquisito, hubo de ser empujado hacia la tumba como cualquier viejo mal vestido, mal educado y molesto".
Entonces, ¿quedan dandis? Decidan ustedes con el siguiente recorrido por las características moleculares de estos personajes.

El dandi es:

  • El último resplandor de heroísmo en decadencia, escribió Baudelaire.
  • Un relumbrón rebelde de lo singular. Una forma de protesta, bella aunque chocante. No quiere gustar, sino disgustar o sorprender o epatar. Resultar distinto.
  • Una elegancia distinta. Usa la elegancia y al mismo tiempo la rompe. Esmera su vestuario, pero no solo admite, sino que precisa de disonancias. Corsarios de guante amarillo, que diría Balzac.
  • No es solo ropa y adorno, sino ideología. Manera de vivir, de estar a la contra. Imagen pensante.
  • El diablo con apariencia de hermoso adolescente, naturalmente melancólico.
  • El cruce inextricable con el esplín, el hastío y la añoranza.
  • Aquel al que el público general no le interesa: buscan el aplauso (que tomarán de manera diferente) de la minoría –a la que buscan escandalizar- y el desdén de la mayoría garrula –su enemigo mortal-.
  • No quiere pertenecer a ninguna clase social –a la alta tampoco-, aspira a ser un desclasado, lo que le permitirá más libremente lucir su extraña rebeldía, que en ocasiones hasta parece ir contra la vida misma porque aún es más dandi la mera ambigüedad.
  • Es inevitablemente un perdedor.
  • La frialdad y la contención.
  • La teatralidad. Escapar de la decepcionante realidad, estetizando la cotidianidad y convirtiendo la vida en una cuidada autopercepción.
  • El dandismo es una distinción más metafísica que social, Barthes.
  • Cultiva el detalle y la anécdota en detrimento de los grandes valores. Se aferra a un mundo perdido a través de pequeños gestos y detalles efímeros. Esta fugacidad lo convierte en un nuevo estoico.
  • Un aristócrata individual.
  • Fiel a sí mismo.
  • Se le atribuyen todos los pecados, las perversidades y todos los desvíos imaginables, incluidos los sexuales.


sábado, 16 de enero de 2010

PRENSA CULTURAL. "Babelia", 16 enero 2010


En Babelia, suplemento cultural de "El País":

1. La utopía de Tom Stoppard. Entrevista; por David Trueba. El dramaturgo británico de origen checo, creador de un emocionante teatro de ideas y referente de la escena contemporánea, aspira a "decir algo importante, conmovedor e inteligente". El autor recibió en Barcelona el Premio Terenci Moix y estará en Madrid en febrero.

2. Un dramaturgo imparable. Por Marcos Ordóñez. Un recorrido por la obra de Tom Stoppard, desde su debut con A Walk on the Water, de 1960, a su gran trilogía The Coast of Utopia y Rock 'n' Roll, la última de sus piezas que se representa en España.

3. Huida y muerte de González-Ruano. Artículo de Antonio Muñoz Molina sobre el Diario íntimo del escritor mencionado en el título.

4. "El éxito me dio libertad". Entrevista a Laurent Gaudé, por Antonio Jiménez Barca. El escritor francés, Goncourt en 2004, narra en La puerta de los infiernos una historia sobre la muerte y la pérdida que se inicia en Nápoles y trasciende al más allá. Podemos leer las primeras páginas de la novela. Jesús Ferrero habla sobre el escritor en La apuesta 'clásica' de Gaudé.

5. El 'dandy' y su fantasma. Por Vicente Molina Foix. Una exposición en el Centro Galego de Arte Contemporánea parte de la personalidad y la obra de Beau Brummell, Oscar Wilde y Baudelaire para mostrar los rasgos y la vigencia del dandismo en el arte contemporáneo.

6. La desdicha de Gil de Biedma. Por Carlos Boyero. El cónsul de Sodoma tiene aroma a teatro rancio, con personajes y situaciones que rezuman tanto énfasis como falsedad.

7. CRÍTICA DE LIBROS. Sinfonía de las edades del hombre. Paul Auster mueve en Invisible, con enorme destreza de trilero, sus tres fichas favoritas, metaficción, azar y autoficción. Es una compleja, histriónica y brillante novela concebida como un juego literario de la edad tardía. Por Javier Aparicio Maydeu. Podemos leer aquí sus primeras páginas.
El azul del infierno, de Carlos Barral. Por Benjamín Prado.
El lenguaje de las cosas, ensayo de Deyan Sudjic. Por Anatxu Zabalbeascoa. Podemos leer sus primeras páginas.
Un país mundano, de John Ashbery. Por Ángel L. Prieto de Paula. Podemos leer algunos poemas.
Shakespeare, de Bill Bryson. Por Jacinto Antón. Podemos leer sus primeras páginas.
Historias de monstruos y apocalipsis. Por Mónica Salomone. 2012, de Brian D'Amato, y El Rojo, de Bernhard Kegel, apoyan sus tramas en hallazgos científicos, pero con abordajes -y resultados- muy distintos. En una, la ciencia es una pieza esencial del argumento, y sin embargo casi se suplica al lector que no meta la nariz en ella. En la otra, en cambio, la investigación es un poderoso gancho para seguir leyendo.