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lunes, 26 de septiembre de 2011

POESÍA. "Isla del suicidio...", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés

Isla del suicidio...

Isla del suicidio
en apariencia muda,
arranca la sonrisa
de tu cara.
Muestra la ambigüedad
de tus aromas,
de tus viejas
cuyos ojos vuelven la espalda,
de tus hermosos jóvenes con la mueca drogada.

En tu silencio, isla,
hablas y hablas,
pero no se limita la opción
a tu propuesta
entre el pasado la nada o la distancia

No,
no se puede salir, dice Holan,
por puertas
que en las paredes
están
sólo
pintadas.

sábado, 24 de septiembre de 2011

POESÍA. "Halova", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés


Halova

¡Era una chica tan alegre!
En clase se reía sin parar.
Se equivocaba siempre en las declinaciones
y sin embargo podía hablar de todo
e incluso pronunciaba bien la r.
Ella me hizo leer a Nezval y a Jiri Orten
como quien no hace nada,
como si se tratara tan sólo de un azar.
Yo sentía vergüenza de mí misma
y de mi destino trágico,
y hubiera querido salir de mi desesperación habitual
para acercarme a ella
y decirle, aunque fuera una vez:
sí, tú tienes razón.
Mas, cuando lo intentaba,
las palabras se negaban a salir...

Era como si yo, reuniendo mis fuerzas,
emergiera del pozo de las sombras,
pero a pesar de todo, el espacio que nos separaba
resultara irremediablemente infranqueable.

viernes, 23 de septiembre de 2011

POESÍA. "El banquete que os propongo...", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés

El banquete que os propongo es para el día de mi muerte...

El banquete que os propongo es para el día de mi muerte
y responde al amor que yo siento y deseo:
pido que se me coma,
que mi ser en no ser no se mude
sino en puro alimento;
comunión caníbal suplico,
génesis en el otro.

Nadie quiere comerme,
enferma estoy de amor.

jueves, 22 de septiembre de 2011

POESÍA. "Ojos", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés

Ojos

Me has acorralado
y con odio agarrado mis solapas,
me has empujado hacia un rincón
y me has golpeado
hasta dejar tinto de sangre
el aire mismo,
y así y todo,
he aquí que todavía me levanto
y mirándote te digo:
ahora mismo,
en este momento lo decido,
haré donación de mis ojos
aunque tenga que llevarlos
mi asesino.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

POESÍA. "Revuelta con el viento...", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés

Revuelta con el viento...

Revuelta con el viento
mi alma has arrastrado
hasta la orilla de tu alma.
Mas mi cabeza
anclada en ese cuerpo
se rebela contra la distancia
y poseída asedia tu aislamiento.
Te busca fieramente en tus palabras
con los ojos heridos
en medio de un incendio.

martes, 20 de septiembre de 2011

POESÍA. "Volterra", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés

Volterra

Con las trenzas del órgano
y los trigos,
en los segados campos
llenos de alpacas…
El amor se ha llevado la cosecha
como un pájaro,
pero nos queda la tierra
y la plata de la luna.
¿Cuáles son nuestras certezas?
El día y la noche
se dan la mano
en nuestras manos
que, juntas,
borran el tiempo.
Luego
nos espera un lecho
de colinas
y el despertar en la niebla
a las formas indecisas.

lunes, 19 de septiembre de 2011

POESÍA. "El disfraz", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés

El disfraz

En caballos de noche
la sombra del mar
abandona su lecho.
Va hacia el desierto de sal,
ojos brillantes,
caudal de risa en cascada,
manos llenas de hojas
como árbol de lluvia.
Corre,
se precipita
sobre las formaciones
del cerebro terrestre.
Pero a sus pies
vaga la luna solitaria
por un espacio de nadie
y los ríos blancos
se abren
como negros espejos
donde se lee el más remoto pasado
que muerde el abismo
de un ahora sin contornos.

martes, 13 de septiembre de 2011

PRENSA CULTURAL. "Mi primera vez. LA SERPIENTE INMÓVIL, YO QUIERA", por Clara Janés

Clara Janés

   En "El País":
La serpiente inmóvil, yo quieta

01/08/2011

   Me parece tenerla aún delante de los ojos, como de un metro de larga, extendida en el rectángulo de lo que llamaban "el jardín" que, de hecho, no era un jardín, pues nada tenía de cultivado. Era un espacio rodeado de zarzas y hojarasca, fresco por el verdor. Yo tenía tres años. Estábamos veraneando en Vallvidrera -la única vez que he experimentado un veraneo-. No sabía por qué no me dejaban ir sola al jardín, situado en la parte posterior de la casa, construida en un leve declive, pero un día, sin pensarlo, bajé. Y la vi allí, de un verde luminoso, inmóvil. Me quedé quieta contemplando el color. No sentí miedo, pero sí perplejidad. Al parecer mi madre se había dado cuenta de mi escapada, me había seguido y me llevó con ella. Lo supongo porque ella afirma que la serpiente era parda. Yo no, yo la vi verde, casi fosforescente, irreal. Acaso mi mente seleccionaba ya el color con que iba a dibujarla.
   La última vez que vi una serpiente, sucedió hace unos años, fue en medio del campo, a unos kilómetros de Cadalso de los Vidrios. Tenía allí una casita, algo más que una choza, sin luz ni agua, y el autobús me dejaba a una distancia de media hora andando. Iba hacia ella mirando las viñas de alrededor llenas de uva, que daban un albillo extraordinario, y me indignaba que algunos aldeanos habían hecho arrancar las suyas para cobrar una compensación de la Comunidad Europea. Por los campos correteaban varias perdices lanzando, de vez en cuando, su canto áspero. Aparte de esto: silencio total.
   Caminaba despacio, recreándome, sin pensar en más, cuando, de pronto, mi pie dio con una piedra y miré hacia abajo. Allí mismo, a menos de un palmo, había una serpiente de escalera de unos cuatro metros atravesando el camino. También entonces me detuve. Nadie alrededor que pudiera auxiliarme si pasaba algo. Sabía que las de escalera no eran venenosas, pero podían acabar con uno si se le enroscaban. En aquel entorno cualquier cosa era posible, desde que te recibiera una abubilla, una golondrina cabecirroja o una salamandra hasta que surgiera una escolopendra o un escorpión al levantar inocentemente una piedra. ¿Qué hacer? Sencillamente dar un salto y seguir adelante.
   No sospechaba yo entonces que poco después entraría la serpiente en mis versos de Variables ocultas, con propiedades esotéricas como para estimular a los alfabetos, y tampoco que traduciría el poema de Sujata Bhatt donde afirma que el mejor modo de cazar una Nerodia sipedon (serpiente nórdica de agua) es dejarse morder, aunque duele, pues tiene seis hileras de dientes curvos, pero no es venenosa. Luego se la apacigua.
   El poema está puesto en boca de su padre, virólogo, que hacía esto para estudiarla y para que sus alumnos tomaran notas. Y concluye: "Después, yo siempre la dejo ir / la suelto en los bosques. / Es muy rápida -un súbito rayo / de energía- un destello negro / precipitándose como una flecha fuera de mis manos".

viernes, 25 de junio de 2010

POESÍA ESPAÑOLA. "Los secretos del bosque", de Clara Janés (Barcelona, 1940)

Clara Janés
Los secretos del bosque
Cayó una estrella verde ante mis ojos
y sus chispas naranjas
señalaron el camino.
Los abedules se apartaron.
En mi vagar solitario por los bosques
acogí la señal.
Hubo sonidos furtivos,
un deslizarse entre las hierbas,
crujir de ramas...
Bajo el ala de la luna,
la maleza me guiaba.
Mi corazón, durante años dormido,
despertó.
Sentía una llamada.
Sentía el fuego más allá de la zarza.