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sábado, 9 de mayo de 2015

PRENSA. "La Tierra chocó con un planeta gemelo para crear la Luna"

   En "El País":
creación de la luna
Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar /HAGAI PERETS

Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años. Los gigantes gaseosos Saturno y Júpiter ya se han formado. Mientras, en la región más cercana al Sol, orbitan más de 80 planetas rocosos como la Tierra. En realidad son embriones de planetas que chocan violentamente entre sí, se funden y forman cuerpos cada vez más grandes. Este descomunal tiovivo seguirá en marcha unos 200 millones de años. Para entonces, el enjambre de rocas se habrá agrupado en cuatro planetas. No hay manera de saber si este relato es cierto, aunque es muy probable que Marte, la Tierra, Venus y Mercurio se formasen así. Ahora, una de las simulaciones más precisas que se han hecho de aquel proceso intenta esclarecer un enigma que lleva vigente décadas, si no siglos: ¿cómo se formó la Luna?
La teoría del gran impacto dice que nuestro planeta chocó con otro del tamaño de Marte, conocido como Theia. Fue un cataclismo tan violento que nuestro planeta desapareció durante unas horas. Una pequeña parte salió despedida y se mezcló con los restos de Theia, convertidos en roca fundida tras el golpe. El resultado fue la Luna.

Es un resultado apasionante que resuelve 30 años de dudas
El gran problema para aceptar esta teoría es que, según las estimaciones más recientes, menos de un 1% de las colisiones eran entre planetas iguales. Actualmente los planetas del Sistema Solar tienen composiciones muy diferentes unos de otros, con lo que Theia también debió haber formado una Luna muy diferente de la que conocemos. Sin embargo, las rocas lunares traídas por las misiones Apolo a finales de los años sesenta demostraron que los yermos de la Luna y el manto terrestre son casi indiferenciables en su composición. El origen de la Luna se convirtió, más que nunca, en un enorme quebradero de cabeza.

La Luna del otro Darwin

El debate científico sobre los orígenes de la Luna pueden remontarse hasta 1898, cuando George, el hijo astrónomo de Charles Darwin, propuso que la Tierra joven escupió parte de su masa por fuerzas centrífugas, una hipótesis que, con variaciones, sigue siendo la otra gran hipótesis en liza, según José Luis Ortiz, físico del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ortiz resalta la importancia de este nuevo estudio para intentar encajar las piezas que faltan, pero advierte de que “se trata solo de una hipótesis basada en modelos numéricos”. El físico apoya la otra hipótesis en contienda, que fue la Tierra la que perdió parte de su masa para formar la Luna pues le parece la explicación más plausible para el extremo parecido entre uno y otro cuerpo. Además “se han publicado estudios recientemente que la apoyan”, dice.
El nuevo trabajo, publicado en Nature, muestra ahora que los choques entre gemelos eran mucho más comunes de lo que se pensaba. “Hemos usado simulaciones de alta resolución para comprobar si la composición de cada planeta y el último cuerpo con el que impactaron eran tan diferentes como la gente pensaba de antemano y lo que hemos averiguado es que sucede justo lo contrario”, explica Alessandra Mastrobuono, astrofísica del Instituto de Tecnología de Israel y coautora del estudio. “Es un resultado apasionante que potencialmente resuelve 30 años de dudas sobre la teoría del gran impacto”, añade.
Su equipo ha simulado 40 veces la formación de los planetas interiores del Sistema Solar, cada vez manejando las trayectorias de unos 80 embriones planetarios y entre 1.000 y 2.000 fragmentos más pequeños que chocan y chocan durante millones de años. La complejidad de cálculo es tal que cada simulación lleva de dos a cuatro meses y ha requerido el uso de un superordenador, explica la astrofísica. Los resultados del análisis afirman que entre el 20% y el 40% de los cuerpos que chocaron contra la Tierra eran prácticamente iguales químicamente. En otras palabras, “es bastante probable” que la Tierra chocase con un planeta gemelo y que eso explique el origen de la Luna, dice Mastrobuono.
Robin Canup, astrofísica de EE UU, aporta una opinión independiente sobre el trabajo. Estos resultados dan “un apoyo renovado” a la teoría del gran impacto, explicando las similitudes entre la Luna y la Tierra, dice la experta del Instituto de Investigación del Suroeste (EE UU). Pero los datos no bastan para cerrar el caso. Aún hay cosas que no encajan, por ejemplo, las diferencias en la composición de ciertos elementos como el oxígeno o el tungsteno. Precisamente otros dos estudios publicados este miércoles en Nature se centran en ese segundo elemento, cuya composición es ligeramente diferente entre la Tierra y la Luna. En una nota de prensa, uno de los equipos responsables del trabajo señala que estos datos son compatibles con un gran impacto, pero descartan la posibilidad de que Theia y la Tierra tuvieran la misma composición. Mastrobuono y Canup mantienen que sí son compatibles, aunque, advierte esta última, serán necesarios nuevos cálculos probabilísticos para demostrarlo.

viernes, 27 de marzo de 2015

PRENSA CULTURAL. CIENCIA. "Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra"

   En "elmundo.es":

ASTROFÍSICA

Según una investigación con el telescopio 'Hubble'

Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra

  • El telescopio espacial 'Hubble' detecta la presencia de un gran océano subterráneo bajo la corteza de la mayor luna del Sistema Solar

  • El hallazgo se hizo de forma indirecta, observando la actividad de sus auroras y a través de ellas, de su campo magnético


Recreación artística de la luna Ganímedes, con las auroras...
Recreación artística de la luna Ganímedes, con las auroras detectadas, orbitando Júpiter, al fondo. NASA



Ganímedes es la mayor luna de Júpiter y también del Sistema Solar. Y según sugieren las observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble, alberga un gran océano subterráneo que contiene más agua líquida que la que hay en la Tierra. La conclusión fue presentada ayer durante una rueda de prensa de la NASA en la que participaron los principales científicos que han llevado a cabo esta investigación, publicada en Journal of Geophysical Research: Space Physics.
Según sus cálculos, esta gran masa de agua salada tendría unos 100 kilómetros de profundidad (aproximadamente diez veces más que los océanos más profundos de la Tierra) y se encontraría bajo una corteza de 150 kilómetros de espesor, compuesta en su mayor parte por hielo.
Descubierta por Galileo en el año 1610, la luna gigante Ganímedes tiene un tamaño comparable al planeta Mercurio y cuenta con un campo magnético propio (es el único satélite del Sistema Solar que lo tiene) y una frágil atmósfera, muy distinta a la de la Tierra, en la cual el telescopio Hubble ya había encontrado indicios de oxígeno.
Basándose en los modelos teóricos que usan para sus investigaciones, desde los años 70 del siglo pasado los científicos ya pensaban que este satélite podía tener un gran océano. La misión de la NASA Galileo midió en el año 2002 su campo magnético, reforzando con sus resultados esas sospechas. Ahora, han encontrado una nueva prueba.
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El telescopio Hubble fue utilizado para observar en Ganímedes las auroras, un fenómeno vinculado al campo magnético del satélite. Debido a que los telescopios no pueden ver lo que hay en el interior de los planetas, los satélites o cualquier objeto celeste, rastrear el campo magnético a través de las auroras les permite de forma indirecta averiguar lo que hay dentro. Además de tener un campo magnético propio, al orbitar muy cerca de Júpiter, Ganímedes también se ve influida por el campo magnético de ese planeta gigante.
Los científicos observaron el comportamiento de las dos auroras para determinar que debajo de la corteza de Ganímedes hay una gran masa de agua salada que influye en su campo magnético. «Siempre le di vueltas a la idea de cómo podíamos usar un telescopio de manera distinta. ¿Es posible emplearlo para mirar lo que hay en el interior de un cuerpo planetario? Entonces pensé en las auroras, porque están controladas por el campo magnético. Si observas una aurora de la forma adecuada, puedes obtener información sobre el campo magnético. Y si sabes cómo es el campo magnético, obtienes información sobre el interior de esa luna», explicó durante la rueda de prensa telefónica Joachim Saur, investigador de la Universidad de Colonia (Alemania) y autor principal de este trabajo.
«Los nuevos datos encajan muy bien con lo que se sabía. Se trata de un resultado importante porque afianza la idea de que ese océano de agua líquida existe, pues contamos con evidencias indirectas», señala a EL MUNDO Olga Prieto, geóloga planetaria del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA).
Prieto es una de las investigadoras que ha planificado la ambiciosa misión JUICE (Jupiter Icy moons Explorer) que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene previsto lanzar al sistema de Júpiter en el año 2022, adonde llegaría en 2030.
Uno de los principales objetivos de esta sonda será precisamente estudiar Ganímedes e indagar sobre la presencia de este gran océano de agua líquida. Io, Europa y Calisto son otros de los satélites que hacen que el estudio del sistema de Júpiter tenga gran interés.
«Este descubrimiento supone un hito y pone de manifiesto lo que el Hubble puede conseguir», afirmó John Grunsfeld, uno de los responsables del departamento científico de la NASA, que el próximo 24 abril celebrará un cuarto de siglo de observaciones y descubrimientos de su telescopio espacial, que también es operado por la ESA. En su opinión, «un océano profundo bajo la corteza helada de la luna Ganímedes abre la fascinante posibilidad de que haya vida más allá de la Tierra».

TRES REQUISITOS PARA QUE PUEDA HABER VIDA

Detectar la presencia de agua líquida como la que parece haber en Ganímedes, el mayor satélite de Júpiter, afirma la NASA, «es crucial» en la búsqueda de mundos habitables y de la presencia de vida como la conocemos en nuestro planeta. No obstante, matiza Olga Prieto, investigadora del Centro de Astrobiología, «haber detectado agua líquida implica simplemente que se da uno de los requisitos para poder decir que el ambiente es habitable, pero no nos dice nada sobre la existencia de vida como la que conocemos en la Tierra. Una cosa es la habitabilidad y otra la existencia de vida», señala. Tres son los requisitos que los científicos dedicados a la astrobiología consideran necesarios para determinar que un ambiente es habitable, como recuerda Prieto.«El primero es que haya agua líquida. El segundo, que haya energía para poder mantener el metabolismo de los organismos que pudieran vivir en ese ambiente. En la Tierra, por ejemplo, sabemos que hay organismos que usan la luz solar y otros que utilizan energía química. Por último, debe haber elementos químicos esenciales para la vida, como el carbono, el nitrógeno, el oxígeno, el hidrógeno, el fósforo y el azufre», resume la investigadora en conversación telefónica. Lo que parece evidente es que en la superficie de este mundo helado, argumenta Prieto, no es posible que exista vida como la que se da en la Tierra: «La temperatura en la superficie de este satélite es de unos -173ºC, así que no puede haber agua líquida. Y si hay hielo, no hay vida. Pero en el interior de Ganímedes hay decenas de kilómetros de agua líquida. Es sorprendente la cantidad de agua que puede tener un satélite de hielo», añade la científica española. Por otro lado, la sonda 'Cassini' de la ESA ha detectado esta semana diminutos granos de roca en Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que sugieren que se dan procesos hidrotermales en su lecho marino.

sábado, 28 de febrero de 2015

PRENSA. "Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3 260 millones de años"

   En "El País":

Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3.260 millones de años

Afectaría a todo el planeta y cambiaría el entorno de los microorganismos primitivos

 Madrid 9 ABR 2014 

Tamaños del asteroide de los dinosaurios (izquierda), de 10 kilómetros; el de hace 3.260 millones de años (centro), de 37 kilómetros; y del Everest, de 8,9 kilómetros de altura. / AGU
Hace unos 3.260 millones de años debió chocar con nuestro planeta un asteroide gigantesco, entre tres y cinco veces mayor que el provocó extinciones masivas en la Tierra, incluida la de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Era la época que los científicos denominan el período de bombardeo masivo tardío, hace entre 3.000 y 4.000 millones de años, y los primeros seres vivos, microorganismos, debieron ver afectado radicalmente su entorno. Unos investigadores estadounidenses, a raíz de sus estudios de una peculiar formación geológica en Sudáfrica, han reconstruido la colisión. El asteroide, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro, debió hacer un cráter de 500 kilómetros de diámetro (dos veces y media mayor que el de los dinosaurios), generaría un terremoto de magnitud superior a 10.8 y las ondas sísmicas se propagarían por todo el planeta desencadenando otros grandes seísmos; tsunamis mucho más grandes de los que conocemos barrerían todos los océanos…. La velocidad de impacto del asteroide sería de unos 20 kilómetros por segundo.
Las hipótesis de los científicos contaban ya con estos cataclismos gigantescos en el pasado remoto del planeta, pero hasta ahora no habían podido determinar su escala, afirman los investigadores, que presentan sus conclusiones en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosysems, de la Unión Geofísica Americana (AGU) estadounidense. Los expertos, liderados por Norman H. Sleep, de la Universidad de Stanford, modelizan, por primera vez, el tamaño del asteroide y el efecto que tuvo la colisión en el planeta, resalta la AGU.


El cráter del asteroide de los dinosaurios (izquierda) de 150 kilómetros; del asteroide de hace 3.260 millones de años, de unos 500 kilómetros, y la isla de Hawai, de 122 kilómetros. / AGU
Se estima que el asteroide de los dinosaurios liberaría más de mil millones de veces más energía que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el de hace 3.260 millones de años, muchísima más. Los científicos describen los efectos en todo el planeta: la atmósfera se llenaría de polvo y la superficie de los océanos herviría; el cielo se pondría rojo de puro calor y el impacto lanzaría al aire roca vaporizada que envolvería todo el planeta, que se condensaría en gotas que caerían al suelo ya solidificadas. Desde luego la vida primitiva se vería afectada por los efectos masivos en la corteza terrestre, e incluso la tectónica de placas. Los cambios ambientales, sugieren los investigadores, bien pudieron barrer muchos organismos microscópicos primitivos existentes en aquel momento dejando hueco a la evolución de otros que aprovecharían el vacío, como ha sucedido en otras extinciones masivas.
En un planeta tan dinámico como la Tierra, no cabe contar con la supervivencia, más de 3.000 millones de años después, del cráter de impacto tal cual. La erosión, la actividad de la corteza terrestre y otras fuerzas que configuran la superficie habrían destruido los lugares de choque de aquellos objetos celestes durante la era del gran bombardeo tardío. Pero el equipo de Sleep ha dado con las pistas del acontecimiento en el denominado cinturón de rocas verdes de Barberton, un área de unos cien kilómetros de longitud y 60 de ancho al este de Johannesburgo, con rocas que son de las más antiguas del planeta. El impacto no sería allí mismo sino a miles de kilómetros sin que estos expertos puedan indicar exactamente dónde, pero la formación geológica de Barberton y sus fracturas características encajan con los efectos del gran impacto de un asteroide que los investigadores reconstruyen ahora.

viernes, 14 de noviembre de 2014

PRENSA CULTURAL. "Cuatro aciertos y un grave error en la astrofísica de 'Interstellar'"

   En "elconfidencial.com":


AA
Entre 1932 y 1939 grandes regiones de Norteamérica, desde el Golfo de México hasta Canadá, se vieron afectadas por una intensa y prologada sequía. Esto causó graves problemas agrícolas, y el suelo seco unido a la escasa vegetación provocaron una época de violentas tormentas de arena, que la población llamaba ventiscas negras o viento negro. El fenómeno fue bautizado como Dust Bowl (cuenco de polvo) y en los años de la Gran Depresión causaron la pobreza de cientos de granjeros, que emigraron dejando sus tierras, principalmente hacia el oeste.
En Interstellar, la última película de Christopher Nolan, la Tierra parece estar viviendo de nuevo en un enorme cuenco de polvo: la comida escasea, los cultivos no prosperan y la situación pinta cada vez peor para la humanidad. En esta película, que mezcla un drama filosófico con una aventura de ciencia ficción, un puñado de exploradores parte en busca de un planeta habitable donde la vida pueda continuar. 
Tras su estreno en los cines de nuestro país, muchos divulgadores y aficionados se han lanzado a diseccionar los aspectos científicos y tecnológicos de la historia, y hay diversidad de opiniones. Donde algunos ven un desastre científico, otros solo fallos puntuales, justificables en aras de la historia en su conjunto y del potencial divulgativo de la historia. No en vano, es una defensa del conocimiento científico: "Cuando ya no queda ninguna esperanza, cuando todo parece perdido, la física teórica y la exploración espacial se nos revelan como el único camino", recoge Daniel Marín.
En palabras de Arturo Quirantes, autor del blog El Profe de Física: “el principal acierto de la película es la forma en que se aplican las ecuaciones de la Relatividad de Einstein: la forma del agujero negro, la dilatación temporal muy cerca de su superficie.... Y el principal fallo es poner allí un planeta y esperar que dure más de cinco minutos”. Recogemos aquí el análisis de Quirantes y añadimos otros aspectos para resaltar los aciertos y el principal error de la película. Vaya por delante la advertencia de que en este artículo se pueden destripar detalles importantes del argumento. Avisados están.

CUATRO GRANDES ACIERTOS...

1. La forma del agujero negro. El agujero negro llamado Gargantúa articula gran parte del guion: es el centro del sistema en el que se hallan tres planetas susceptibles de acoger vida. Nadie sabe exactamente qué aspecto tiene un agujero negro, pero Interstellar contó con Kip Thorne, reputado astrofísico y experto en este tipo de fenómenos, como asesor científico de forma que tiene de su parte el argumento de autoridad. 
En cualquier caso, la de la película es una representación que tiene en cuenta un aspecto fundamental, y es la de las distorsiones del espacio tiempo que causa en la luz un agujero negro. 

Un agujero negro es una acumulación de masa tan concentrada que en la región a su alrededor, ni siquiera la luz puede escapar. En la mayoría de las representaciones de este fenómeno, que consisten en un disco de gas brillante en torno a una bola negra, se obvia que la luz no pasa de no poder salir del agujero a comportarse normalmente, sino que es desviada por la gravedad y crea efectos curiosos, tal y como explica Héctor Vives
La dilatación del tiempo es un fenómeno relativista bien conocido, y no solo tiene lugar a velocidades cercanas a la de la luz sino también en campos gravitatorios extremos
2. Las distorsiones temporales. El primero de los planetas que los protagonistas visitan en la búsqueda de un sustituto para la Tierra sufre de una intensa dilatación temporal: el tiempo pasa allí a otra velocidad, de forma que una hora en su superficie es como siete años aquí. "La dilatación del tiempo es un fenómeno relativista bien conocido, y no solo tiene lugar a velocidades cercanas a la de la luz sino también en campos gravitatorios extremos", explica Quirantes.
3. Los viajes a través del espacio. Hay varios aspectos de las travesías espaciales que realizan los protagonistas que han dejado satisfechos a muchos expertos y aficionados a la astrofísica. Por un lado, el silencio. Como decía el claim de Alien, en el espacio nadie te oye gritar. El sonido no se propaga en el espacio, como se han hartado de repetir muchos tras años de explosiones, disparos y naves zumbando de un lado a otro. En Interstellar, no hay nada de todo esto.
Por otro, los cálculos de las distancias son razonables (18 meses para llegar a Marte y dos años más hasta Saturno), y similares a los empleados por las sondas Voyager. También es acertado el uso de Marte para lograr su asistencia gravitatoria y ayudarse en el trayecto. 
Y por último, la forma de la estación espacial Endurance, redonda, y el hecho de que gire para generar una gravedad artificial que permita a los viajeros cierta sensación de normalidad. 
4. Los "datos cuánticos". La búsqueda de un planeta habitable es solo una mitad en la misión de salvar a la humanidad. La otra mitad depende de los científicos en Tierra, que deben resolver "las ecuaciones" para lo que necesitan una serie de "datos cuánticos" observables solo desde dentro del agujero negro. No hay mucha más explicación, de forma que es difícil evaluar este punto.
Hasta la fecha, esa teoría no existe. Puede que para cuando sucede la película esa teoría ;haya sido encontrada, y puedo imaginarme que haya que medir cosas en el interior de un agujero negro para comprobar la teoría o para darle forma
Quirantes, sin embargo, lo considera plausible y lo explica de la siguiente forma: "las dos principales teorías de la Física Moderna (la Relatividad y la Cuántica) funcionan muy bien por separado, pero no encajan juntas. No hay forma de aplicar las dos a la vez, así que hace falta encontrar una teoría unificada que pueda dar cuenta de ambas teorías a la vez. Hasta la fecha, esa teoría no existe. Puede que para cuando sucede la película esa teoría ;haya sido encontrada, y puedo imaginarme que haya que medir cosas en el interior de un agujero negro para comprobar la teoría o para darle forma".

...Y UN GRAN ERROR

5. Los efectos del agujero negro. Dice Quirantes que el principal fallo de la película es pensar que un planeta que está "absurdamente cerca del agujero negro" no se verá más afectado por él hasta el límite de ser inhabitable. A esa distancia, debería encontrarse cerca del disco de acreción, el anillo de materia que gira alrededor del agujero y lo alimenta de materia. Incluso si girase en una órbita inclinada, atravesaría ese disco dos veces en cada órbita", con lo que sería bombardeado por esa materia moviéndose a altísimas velocidades.
Además, a esa distancia estaría dentro del alcance de enormes cantidades de radiación X y radiación gamma, lo que lo harían un mal candidato para acoger vida. Por no hablar de que las fuerzas de marea forzarían al planeta a presentar siempre la misma cara al agujero negro, igual que ocurre con la Luna respecto a la Tierra. De forma que en una mitad sería noche perpetua y en la otra, un día eterno. Ambos lados del planeta estarían sometidos a distintos grados de atracción gravitatoria, y si la diferencia es demasiado grande, éste podría incluso destruirse.

Pero algunos expertos han puesto en duda incluso la posibilidad de que existiese un planeta en esa región. El astrónomo y divulgador Phil Plait escribió un artículo atacando esta premisa de la película (que luego matizó), basándose en el siguiente razonamiento. Dada la intensa dilatación del tiempo que se vive en este planeta (recordemos 1 hora es igual a 7 años), se puede inferir que se encuentra realmente cerca de Gargantúa, y por tanto no podría mantener una órbita estable, ya que la órbita estable más cercana posible a un agujero negro debe tener al menos tres veces el tamaño del propio agujero. "Los relojes irían algo más despacio que para alguien de la Tierra, pero solo un 20%", concluía.
Plait tenía razón, pero solo en parte. En un artículo posterior, reconoció su error. Esos cálculos son correctos si hablamos de un agujero negro que no gire sobre sí mismo. En un agujero negro en rotación, la física cambia y el efecto de dilatación del tiempo es mayor, de forma que un planeta más lejano podría experimentar una ralentización del tiempo de esa magnitud.

OTROS FALLOS CIENTÍFICOS

En aras de la espectacularidad o por descuidos, hay más detalles de la película que chirrían a un espectador con ojo despierto. Por ejemplo, las descomunales olas del primer planeta, cuando el océano sobre el que aterrizan apenas tiene unos palmos de profundidad. ¿De dónde sale todo ese agua? Y en el segundo, ¿por qué las nubes se congelan y solidifican pero siguen sosteniéndose en el aire? Si los planetas visitados tienen el agujero negro Gargantúa como centro de su sistema y no una estrella, ¿de dónde sale la luz y el calor que los baña?
Sé dónde engañamos de la forma que tienes que engañar en el cine, y me encargué de que Kip (Thorne) estuviera al tanto
También las pequeñas naves Ranger plantean dudas: tienen la potencia para escapar del campo gravitacional de los planetas, pero ¿dónde llevan la enorme cantidad de combustible necesario para alcanzar esa potencia? ¿O es que cuentan con una fuente de energía más eficaz? Si es así, porque el despegue desde tierra se hace con la propulsión de lo que parece un cohete o un transbordador como los actuales?
Por último, hay un momento de la historia en el que uno de los protagonistas no se asoma, sino que cruza el horizonte de sucesos y se adentra en el agujero negro. Esto no puede considerarse propiamente un error, sino más bien una licencia que sirve únicamente al propósito de la historia y que no tiene ninguna base real, puesto que sería imposible de cualquier manera sobrevivir.
En definitiva, Interstellar tiene sus altibajos científicos, algo de esperar puesto que al fin y al cabo es una obra de ficción. El propio Nolan ha salido al paso, defendiéndose de las críticas en este sentido: "una buena parte es, por supuesto, especulación", admite. "Sé dónde engañamos de la forma que tienes que engañar en el cine, y me encargué de que Kip (Thorne) estuviera al tanto". 

jueves, 26 de junio de 2014

PRENSA. "El día que la Tierra deje de rotar, más vale que te pille en un avión"

   En "elconfidencial.com":


AA
En este momento, si está usted leyendo este artículo desde España, se está desplazando a una velocidad aproximada de 1.180 kilómetros por hora aunque no lo note. La velocidad exacta dependerá de la latitud en la que se encuentre, que es la distancia que le separa del Ecuador. En el mismo Ecuador, el paralelo más largo de la Tierra y por tanto donde más recorrido hay que hacer para completar una rotación, la velocidad alcanzaría prácticamente los 1.700 km/h, mientras que en los Polos se reduciría hasta casi anularse.
El movimiento de rotación de la Tierra, aunque no lo percibamos a través de nuestros sentidos, es una de las características que condicionan nuestro mundo y nuestra vida. ¿Qué pasaría por tanto si ese movimiento cesase? ¿Si pudiésemos pisar un freno imaginario y parar la Tierra? Se trata de una situación totalmente hipotética, y vistas las predicciones de los científicos, menos mal que es así, porque las consecuencias serían catastróficas.
Lo que llamamos la Tierra no es un bloque macizo, piensa en las rocas, o la arena. La superficie, la corteza terrestre, se desplaza sobre una capa líquida
Para empezar, Fernando Jáuregui, astrónomo del Planetario de Pamplona, explica que habría que determinar qué parte de la Tierra frenaríamos: "Lo que llamamos la Tierra no es un bloque macizo, piensa en las rocas, o la arena. La superficie, la corteza terrestre, se desplaza sobre una capa líquida". Por tanto, el efecto sería distinto si detenemos toda la Tierra o si solo paramos el núcleo. 
En el segundo caso, si solo frenásemos el centro de la Tierra, todas las capas superiores seguirían girando a causa de la inercia, aunque se detendrían poco a poco a causa del rozamiento. En este escenario, los efectos del frenazo no serían tan inmediatos, aunque la recolocación de las placas tectónicas al disminuir la fuerza centrípeta terminaría provocando grandes terremotos.
Saldríamos despedidos por la inercia
Si en cambio detuviésemos la Tierra al completo, el impacto en ese mismo momento sería enorme. Michael Stevens, divulgador británico muy popular en las redes sociales, ha publicado un vídeo en el que hace recuento de las catástrofes que seguirían al parón. 
Para empezar, al frenarse la Tierra, saldríamos despedidos a causa de la inercia. Sería un efecto similar al que sentimos cuando vamos en coche y damos un frenazo: no notamos que estamos en movimiento hasta que el automóvil se detiene y nosotros seguimos con el impulso. Solo que en este caso, el impulso sería enorme, haciéndonos volar en dirección este a miles de kilómetros por hora. Las personas que en ese momento se encontrasen viajando en aviones por la atmósfera, y los astronautas de la Estación Espacial Internacional tendrían alguna oportunidad de sobrevivir (un poco más), los demás nos convertiríamos en proyectiles voladores. 
Si algo aguantase, sufriría el impacto de fortísimas corrientes de aire, similares a las generadas por la explosión de una bomba atómica, que arrastrarían todo lo que pillasen a su paso, generando una erosión y una fricción que provocaría grandes incendios
Y no solo los humanos saldríamos volando. "Todo lo haría", asegura Jáuregui, "incluidos nuestros edificios, que no tienen fuerza suficiente para aguantar un impacto así". Si algo aguantase, sufriría el impacto de fortísimas corrientes de aire, similares a las generadas por la explosión de una bomba atómica, que arrastrarían todo lo que pillasen a su paso, generando una erosión y una fricción que provocaría grandes incendios. Estos vientos además formarían tormentas de gran violencia.
La Tierra, cada vez más redonda
Al pararse el planeta, desaparecería la fuerza centrífuga que da a la Tierra su forma elipsoide (achatada por los polos), redistribuyendo la gravedad y por tanto alterando la configuración de los océanos y los continentes. De hecho, es probable que enormes olas se tragasen prácticamente toda la superficie terrestre en un primer momento, para después ir migrando hacia las zonas polares, donde la gavedad es mayor. Así, la Tierra quedaría configurada en dos grandes océanos polares y un gran continente en la franja del Ecuador.

Pero eso cambiaría poco a poco, ya que sin fuerza centrífuga, la Tierra adoptaría una forma de esfera cada vez más perfecta, volviendo a distribuirse la gravedad de forma más uniforme, de forma que las aguas volverían a moverse y las zonas más elevadas sobresaldrían del nivel del mar.
Aunque no quedaría nadie en la Tierra para observarlo, al detenerse la rotación también parecería deterse el tiempo, ya que es este movimiento el que marca el paso de los días
Aunque no quedaría nadie en la Tierra para observarlo, al detenerse la rotación también parecería detenerse el tiempo, ya que es este movimiento el que marca el paso de los días. Si nuestro planeta siguiese girando en torno al Sol (un movimiento con el que no nos hemos metido), esa sería toda nuestra percepción temporal. Así, un día (es decir, un ciclo de día y noche completo hasta volver a observar el Sol en la misma posición en el cielo) duraría lo mismo que un año, alterando el ciclo vital de todos los seres vivos que, a estas alturas, pudiesen existir.
Pero la relación de la Tierra con el Sol se volvería problemática también por otra razón. Al detenerse la rotación de la Tierra, el campo electromagnético que la cubre desaparecería, dejándola expuesta a enormes cantidades de radiación provenientes del espacio, fundamentalmente de nuestra estrella, y aquí ni los pasajeros de los aviones podrían sobrevivir. Ese campo electromagnético nos protege entre otros de erupciones de masa solar que el Sol lanza en nuestra dirección de forma esporádica, y sin él estaríamos totalmente expuestos.