jueves, 31 de marzo de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Poema del libro "Arte menor", de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

   En Babelia, suplemento cultural de "El País": poema del libro Arte menor, de Juan Ramón Jiménez:

                                                   Domingo en Moguer

Sol amarillo y violeta
bajo el azul triste y terso,
¿qué tienes dentro de ti,
sol de enero, sol de invierno?

¡Sol de diamante amarillo,
sol de mirada de enfermo,
sol mariposa, sol hoja
seca, sol presentimiento!

Tras el azul, nada. El oro
que mueve tantos ensueños,
¿es oro vacío, sin
un más allá del misterio?

¿Es un final sin salida?
¿Un amarillo convexo?
¿Nada? ¿Un mirar sin sentido
y sin promesas, de ciego?

¡Oh, sol frío, sol de locos,
sol enemigo, sol pérfido,
sol amarillo y violeta
bajo el azul triste y terso!

PRENSA. "Ese charco", columna de Juan José Millás

Juan José Millás

   En "El País".
Ese charco

JUAN JOSÉ MILLÁS 25/03/2011

   Si un día, al cepillarte los dientes, comprendes que tu dentadura no es tu dentadura, es porque se trata en efecto de una dentadura extraña. Y ni siquiera es preciso que te la hayan cambiado por la noche para que por la mañana haya dejado de ser tuya. No es tuya y listo, incluso en el caso de que sigas sintiendo como propia la cavidad bucal. El problema de estar formado por tantas piezas, y tan diferentes, es que no siempre se reconocen entre sí. De hecho, hay días en los que tu cuerpo no es tu cuerpo, en los que ni siquiera tú eres tú, signifique lo que signifique ser tú, aparte de una rara manera de ser yo. Pero quien habla de la dentadura de carne y hueso (lo de la carne es un decir), habla de la lengua entendida como el sistema de comunicación verbal en el que habitualmente te manejes, por ejemplo, el español.
   Si un día, al levantarte, notas que la lengua que se habla a tu alrededor, y en la que tú respondes, no te pertenece, es que ha dejado de ser la tuya, aunque no conozcas otras. Si dices "muerte" y te suena tan raro como si dijeras mort, o pronuncias "angustia" con la extrañeza (y el esfuerzo) con el que pronunciarías distress, significa que lo que era tu lengua ha devenido en una prótesis, seguramente una prótesis de excelentes calidades sintácticas, y dotada de un vocabulario muy rico, pero una ortopedia al fin. Quizá descubras al mismo tiempo que eres tú el que está al servicio de la prótesis y no ella al tuyo, por eso dices "buenos días" o "buenas tardes" cuando lo que querrías decir es "me cago en tus muertos". Ahora bien, si un día te levantas y te das cuenta al mismo tiempo de que la lengua con la que te comunicas y el cuerpo con el que desayunas, lejos de ser posesiones tuyas, son tus propietarios, estás listo. No es fácil vivir entre los hombres cuando se ha metido el pie en ese charco.

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "Chitón. Historia de una infancia", novela de Raymond Federman

Raymond Federman

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Chitón. Historia de una infancia

JESÚS FERRERO 26/03/2011

   Raymond Federman (1928- 2009) es un escritor de la tribu de Beckett, Perec, Levé y tantos otros autores más o menos rimbaudianos, que alegran, trastocan y a veces revolucionan la literatura adocenada y estúpida de la que se nutren los lectores de todas las épocas. Obviamente, no estamos ante un superventas. Los escritores como Federman piensan que la literatura es algo demasiado serio (y demasiado alegre) como para sucumbir a las leyes del mercado. El libro que parece ahora en español, Chitón, es una obra admirable se mire como se mire, y quizá una de las más originales y sorprendentes de toda la literatura judía posterior al Holocausto. Huyendo de la narración lineal pero también de toda clase de oscuridades expresivas, Federman aborda aquí su vida (la infancia, la adolescencia, la deportación, la barbarie, la locura) con la alegría y la crueldad lúdica de un colegial. La novela parece pura música de jazz, llena de felices contrapuntos, con dos niveles narrativos perfectamente diferenciados, e incluyendo aforismos (algunos asombrosos), poemas, canciones, peripecias y reflexiones en torno a una única palabra: "Chitón", que fue lo que le dijo su madre cuando lo encerró en un cuarto librándolo de la muerte en Auschwitz. Sorprende lo felizmente que articula Federman toda su narración en torno a esta palabra con la que se inicia y se concluye el relato y que conforma el más claro leitmotiv de la historia: de su historia personal y de la colectiva: ¡silencio! El resultado final es un libro plenamente innovador en el que se conjugan la novela familiar, la memoria personal, el juego, la ironía, el sarcasmo, la discontinuidad, la honestidad, la broma, la profundidad abismal y la invención literaria. Imprescindible para lectores que buscan en la literatura una de las formas de la verdad.

Chitón. Historia de una infancia
Raymond Federman
Traducción de María Teresa de los Ríos
Turpial. Madrid, 2011
220 páginas. 21 euros

PRENSA. 31 marzo 2011

   En "El País":

1. Uffffffffff. Columna de Maruja Torres.

2. Relato sin mito de la Transición. Reportaje de Tereixa Constenla. La generación literaria de los sesenta retrata sin complacencia el advenimiento de la democracia - La matanza de Atocha y el 23-F, entre los temas estrella.

3. Forges entre las aulas. Por Vicente Verdú.

4. La genética personal topa con la patente. Reportaje de Mónica González Salomone. Diez años después de la secuenciación del genoma humano, el 20% de los genes está registrado - Los expertos alertan del peligro de entorpecer la medicina personalizada.

5. Una pinza contra Obama. Lluís Bassets sobre la intervención militar en Libia.

   En "El Día de Córdoba":

6. Escribir un poema. Joaquín Pérez Azaústre, sobre la presentación del libro de Eduardo García.

miércoles, 30 de marzo de 2011

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Poema del libro "Arte menor", de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

   En Babelia, suplemento cultural de "El País": poema del libro Arte menor, de Juan Ramón Jiménez:

¡Aguas serenas
del azul puro,
en el encanto
del plenilunio!

¡Finos diamantes
sobre el difuso
jardín doliente!
¡Brisas de mundos!

¡Jazmines pálidos,
que, al oscuro
viento, soñáis
vuestros nocturnos!

¡Playas sin nombre,
viajes confusos
por rosas granas,
entre petunios!

Ritmos de seda,
hervores únicos,
arrobamientos...
los ojos húmedos...

Calma..., silencio...,
sólo lo músico,
lo perfumado,
o lo errabundo...

¡Ondas eternas
del azul puro,
en la nostalgia
del plenilunio!

PRENSA CULTURAL. "Babelia". "De señorito a señor", por Javier Rodríguez Marcos. (Sobre Juan Ramón Jiménez)

Juan Ramón Jiménez

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
De señorito a señor

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 19/02/2011

   Primera andanada: "La voz que habla en sus poemas está siempre a favor de las propias emociones, y ésa es la marca indeleble del poeta menor". Segunda: "A una excepcional capacidad para sentirse a sí mismo, JRJ unía una excepcional incapacidad para verse en relación con los demás y en relación consigo mismo. Quizá por ello, en la vileza instintiva de sus arremetidas contra otros poetas -Machado, Salinas, Guillén, Lorca, Aleixandre y Neruda- nunca le embargó el pudor de disimular lo que en él había de pelendrín, de mezquino y malicioso señorito de casino de pueblo de Huelva". Las palabras con las que Jaime Gil de Biedma despachó a Juan Ramón Jiménez en 1981 han sido durante largo tiempo el resumen de la actitud de muchos -y a veces muy grandes- poetas españoles hacia la obra del premio Nobel de 1956.
   Si esas palabras son el resumen, el símbolo es Veinte años de poesía española (1939-1959), la antología que José María Castellet publicó en 1960 y reeditó ampliada un lustro más tarde como Un cuarto de siglo de poesía española (1939-1964). Ambas selecciones contribuyeron a la consagración de la brillante generación de los años cincuenta y, de paso, certificaron el olvido al que se sometía a JRJ. Aunque algunos autores, como Francisco Brines, nunca dejaron de reconocer su deuda con el poeta de Moguer, la tendencia dominante de la época prefirió como maestro a Antonio Machado. Como si no cupiera más que uno.
   El triunfo del realismo de éste frente al simbolismo de aquél trazaba en brocha gorda un panorama bipolar. Con el tiempo, y sin necesidad de prescindir de Machado, el péndulo volvió a iluminar a Juan Ramón más allá de Platero y yo, cuando los lectores de a pie se encontraron con dos revelaciones en forma de libro: La estación total con las canciones de la nueva luz (Tusquets, 1994) y el volumen Lírica de una Atlántida (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1999). El primero era un poemario de 1946 cuya recuperación corrió a cargo del poeta Vicente Valero. El segundo, preparado por Alfonso Alegre Heitzmann, reunía cuatro libros escritos entre 1936 y 1954: En el otro costado, Una colina meridiana, Dios deseado y deseante y De ríos que se van.
   España se ponía así al día con el JRJ del exilio, el más metafísico, y los poetas comenzaban a reivindicar su obra. Lo hicieron una vez más los juanramonianos de siempre -el propio Brines, Tomás Segovia, Andrés Trapiello, Antonio Colinas- y empezaron a hacerlo los, por entonces, jóvenes como Carlos Marzal, Vicente Gallego o el mismo Vicente Valero.
   La labor de los herederos y de los eruditos hizo el resto. Así, en los últimos años no han dejado de editarse y reeditarse hitos como el primer tomo de la correspondencia de JRJ, Álbum o Guerra en España y de publicarse inéditos que dormían en sus archivos como Libros de amor, La frente pensativa o, ahora, Arte menor. En primavera aparecerá el segundo tomo de las cartas. En 2012 lo hará un nuevo inédito: Monumento de amor.

PRENSA. "¿Qué tiene que ver Auschwitz con Bengasi?", por Moisés Naím

Moisés Naím

   En "El País":
¿Qué tiene que ver Auschwitz con Bengasi?

MOISÉS NAÍM 27/03/2011

   ¿Qué hubiese pasado si en la II Guerra Mundial los aliados hubiesen bombardeado las cámaras de gas o las líneas de ferrocarril que llevaron a millones de inocentes a la muerte en Auschwitz y otros campos de exterminio? No se podía. No sabíamos. Hubiésemos distraído recursos de otros frentes. No era una prioridad estratégica. Estas son algunas de las respuestas que se le han dado a esta difícil pregunta. En Auschwitz fueron asesinados más de un millón de hombres, mujeres y niños.
   En Bengasi pudo haber pasado algo parecido. Claro que las magnitudes y circunstancias son muy diferentes. En Bengasi viven 700.000 personas y, de haber entrado las tropas leales a Muamar el Gadafi a cumplir la misión que les encomendó -"eliminar a las ratas grasientas"- seguramente no hubiesen asesinado a toda la población de esa ciudad. Pero el dilema es el mismo. ¿Deben otros países intervenir militarmente en una nación para impedir el exterminio de miles de inocentes? No lo hicieron en Ruanda, donde 800.000 civiles fueron masacrados en 1994, ni tampoco en Srebrenica, donde las fuerzas armadas serbias asesinaron en 1995 a 8.000 hombres y adolescentes bosnios.
   Estos conocidos episodios son relevantes para el debate sobre la intervención extranjera en Libia. A Barack Obama se le está criticando ferozmente tanto por haber intervenido como por haber tardado en hacerlo. Por haberse integrado en una coalición internacional, en vez de haber actuado unilateralmente. Por haber permitido que, en la etapa inicial de los bombardeos, los aviones y misiles norteamericanos tuviesen el protagonismo. Por haber intervenido sin saber quiénes son los rebeldes libios y cuáles sus motivaciones y alianzas. Por carecer de planes para una Libia pos-Gadafi. Por la hipocresía de actuar en Libia y no en Bahréin (donde EE UU tiene una importante base naval). Pero la crítica más fundamental a Obama es que la situación en Libia no afecta a los intereses vitales de Washington y, por tanto, es inaceptable gastar dinero y arriesgar vidas estadounidenses en ese conflicto. Ni siquiera el petróleo lo justifica, dicen los críticos. Libia extrae solo el 2% del total mundial, y Gadafi tenía excelentes relaciones con las petroleras extranjeras. ¿Y cómo termina esto? ¿Actuará EE UU, de aquí en adelante, como el gendarme mundial que interviene militarmente cada vez que un dictador masacra a su pueblo? ¿Lo haría en China, si hay una revuelta y el Gobierno la reprime como lo hizo Gadafi? ¿En Rusia o Venezuela?
   Detrás de estas críticas hay tres suposiciones básicas: la primera es que un jefe de Estado solo debe actuar cuando dispone de información completa y confiable. La segunda es que la consistencia y los criterios universalmente aplicables son posibles (y deseables) en las relaciones internacionales. Y la tercera es que los criterios morales no pueden tener mayor peso en el brutal mundo de las relaciones de poder entre países. Las tres suposiciones son erradas.
   Las decisiones importantes que se toman con una información completa y totalmente confiable son excepcionales. La norma es que los jefes de Estado actúen casi siempre sin tener todos los elementos, ya que el coste de esperar a tener información completa puede ser demasiado alto. Por otro lado, la consistencia en todas las actuaciones no es posible y, con frecuencia, es poco deseable. Por ejemplo: Estados Unidos hostiga a la Junta Militar de Myanmar por sus violaciones a los derechos humanos, pero recibe con honores a los mandatarios chinos. El doble rasero es obvio. ¿Preferimos entonces que, para evitar esta contradicción, Washington deje de presionar a los carniceros de Myanmar? ¿O que se agrave el conflicto con China? Todos los países que interactúan ampliamente con el resto del mundo se enfrentan a dilemas que no pueden ser resueltos tratando de ser totalmente consistentes.
   Finalmente, está el peso que se le da a la decencia en la definición del interés nacional. Exigir que la moral sea la guía única en la conducta internacional de los Estados es ingenuo. Los intereses económicos, militares y geopolíticos siempre van a primar. Pero tenerlos como único factor y olvidarse de lo que nos define como seres humanos es inaceptable. Defender principios humanitarios fundamentales también debe ser parte del interés nacional de todo país decente. Afortunadamente para los libios, en este caso prevaleció la decencia. Y no importa que lo que venga después de Gadafi también sea indecente. Es un riesgo que vale la pena correr.

                                                        mnaim@elpais.es

PRENSA. 30 marzo 2011

   En "El País":

1. Un hombre asombrado... y asombroso. Fernando Savater traza el perfil de Cioran.

2. Godzilla en Fukushima. M. Á. Bastenier sobre la catástrofe de Japón.

martes, 29 de marzo de 2011

IES "MAIMÓNIDES". Inauguración de la exposición "Maimónides pinta a Góngora"








   Ayer tuvo lugar, en el Salón de Actos del instituto, la inauguración de la exposición "Maimónides pinta a Góngora".
   Estas son las palabras que pronunció nuestro director, Salvador Navarro Aganzo:

   Permitida por aquel entonces la elección del orden de los apellidos, Luis de Góngora y Argote toma como primero el de su madre, por parecerle más sonoro que el Argote de su padre.
   Seguro que 1561, año de su nacimiento, fue una fecha demasiado lejana para alma tan moderna, pues se asoma en el estilo a otros tiempos muy distantes del suyo. Fortunas que no existían aún en la vida cuando él existe son conseguidas por Góngora gracias a su sutileza, su sensibilidad y lo avanzado de sus versos. No comprendieron los de su época cómo sobrepasaba las cosas y las palabras, encontrándole oscuro, hermético, impenetrable y difícil, en contraposición al conceptismo ingenioso de Quevedo o el clasicismo de Lope de Vega.
   Estos tres grandes escritores conviven en el Madrid de la época, con la sensación de que les estorban los demás. De Lope de Vega recibe ese trato fatal con que distinguía a sus enemigos, elevándole primero en su ponderación para dejarle caer después de manera inmisericorde. En cambio, Quevedo no perdía tiempo en sus versos, comenzando desde el primero de ellos a triturar a su adversario.
   Sin embargo, también fueron muchos los que supieron saborear y engrandecer en vida a tamaña figura del Siglo de Oro español. Baste citar a Miguel de Cervantes, cuando le dedica los siguientes versos en la obra Viaje del Parnaso, donde cataloga a los buenos y malos poetas de su época:

Aquel que tiene de escribir la llave,
con gracia y agudeza en tanto extremo,
que su igual en el orbe no se sabe
es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanzas,
aunque las suba al grado más supremo

   Celebramos este año el 450 aniversario de su nacimiento y el IES “Maimónides” ha querido sumarse, mediante esta exposición que hoy inauguramos, a los actos que se vienen organizando con tal motivo. Glosar a un cordobés tan ilustre como Luis de Góngora es reconocer a nuestra ciudad como cuna indiscutible de personajes excepcionales, todos ellos con hondas raíces en nuestra tierra a pesar de la distancia. Su soneto "A Córdoba", que será repetido hasta la saciedad en estos días, es buena prueba de la añoranza que sentía por su tierra cuando, encontrándose en la entonces muy distante Granada, sentía la ausencia de su río, de sus torres, de sus muros, de sus llanos y de su sierra.
   Siempre he mantenido que los institutos deben ser focos de cultura, además de mantener su carácter propio como centros educativos y formativos. Si la cultura está en cada materia y en cada libro, ¿por qué renunciar a irradiar más allá de nuestro ámbito todo aquello que forma parte de nuestro noble desempeño? Me complace por ello comprobar, una vez más, que el IES “Maimónides” está permanentemente sintonizado con cualquier corriente o actividad cultural de nuestra sociedad, como representa en este caso 'Cosmopoética', que cada año inunda la naciente primavera de nuestra ciudad, de por sí poética, con multitud de poemas.
   Como nada de esto es posible sin el compromiso, la implicación y el trabajo de muchos, me gustaría agradecer la colaboración prestada por:
   SILVIA MACÍAS, en los menesteres informáticos.
   SALVADOR CASTAÑEDA, en el montaje de la exposición y el seguimiento de los trabajos de los alumnos y alumnas.
   ROSA MESA y FRANCISCO JAVIER LEÓN, por su acertada labor con sus alumnos y alumnas.
   PACO MOLERO Y FERNANDO GARCÍA BALLESTEROS: ¿qué sería de esta exposición sin el continente, sin los marcos que sostienen a los múltiples góngoras?
   BERNARDO RÍOS: no sólo hay que tener ideas, sino llevarlas a la práctica, y siempre lo hace con tanta ilusión como esfuerzo.
   Y JOSÉ RAÚL TEJERO y JESÚS BUSTOS, como representantes de todo el alumnado participante, que, sin duda, puede sentirse orgulloso del trabajo realizado.
   Por último, quiero agradecer a COSMOPOÉTICA el que nos haya permitido formar parte de una programación cultural, tan reconocida y de tanta calidad como la que promueven cada año.

   QUEDA INAUGURADA EN EL IES “MAIMÓNIDES” LA EXPOSICIÓN SOBRE LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE EN EL 450 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO.

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Poema del libro "Arte menor", de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

   En Babelia, suplemento cultural de "El País": poema del libro Arte menor, de Juan Ramón Jiménez:

                             Pensando en una mujer malsana de Leo Putz.
                                                                                Böcklin

¡Piernas redondas,
culebras blancas, 
bajo la seda
gris de la falda!

Os enroscáis,
crudas y blandas,
en frías fiebres
de olas malsanas.

Sois un redondo
montón de ansias,
sirenas verdes
de sangre pálida.

¡Oh, piernas frías,
carne de agua,
muslos marinos
llenos de algas...!

¡Piernas de lago,
culebras blancas 
bajo la seda
gris de la falda!

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Reseña de la "Correspondencia completa" de César Vallejo

César Vallejo

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
César Vallejo en sus cartas

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD 26/03/2011

   La correspondencia del poeta completa la imagen de quien sufrió toda clase de penurias y nos legó una poesía espléndida.

   Soy muy adicto al género epistolar, esa mudable parcela de la literatura que ha dejado de practicarse hace ya años. Creo que sus últimos cultivadores fueron los que ya andan instalados, como yo, en el arrabal de senectud. Ahora nadie o casi nadie escribe cartas, a no ser que lo haga a través de los artificios electrónicos, cosa que por definición neutraliza lo que esos escritos tenían de pausado y confidencial despliegue de ideas. Algunos de los epistolarios últimamente editados -con el de Juan Ramón Jiménez a la cabeza- desmienten con creces esos apresurados juicios que los tildaban de literatura efímera. La presente edición de la correspondencia de César Vallejo es una prueba más del muy notable repertorio de datos que proporcionan las cartas para completar la imagen de un escritor.
   Esta Correspondencia completa, cuyo título resulta más bien temerario, reúne hasta un total de 242 cartas, aparte de otros documentos menores, siendo las más numerosas las dirigidas a la familia, a Pablo Abril de Vivero, a Juan Larrea y a Gerardo Diego. Cierto que el propio compilador reconoce en su 'Introducción' que hay cartas que no han podido ser allegadas, por lo que aún resulta más infundado el calificativo del título. Cabe preguntarse, además, si existe algún epistolario que se pueda considerar completo. Imposible saber el cómputo exacto de cartas que alguien ha escrito durante toda su vida y el número de las inencontrables por algún motivo.
   La presente edición, preparada con fervorosa solvencia por Jesús Cabel, cumple en cualquier caso con el muy provechoso cometido de facilitarnos no pocas claves de la peripecia humana y literaria de César Vallejo. Son escritos que informan adecuadamente sobre su difícil vida, a duras penas localizada entre Lima, París y Madrid. Por ahí anda el poeta retocando su propio retrato: la figura heroica de quien descoyuntó la estética del pasado en beneficio de la ética del porvenir, la imagen combativa, menesterosa, solidaria, tierna, errática, de ese emisario de su propia vida que también quería cambiar la vida, la ejemplaridad de quien sufrió toda clase de penurias y nos legó una poesía espléndida.
   Resulta esclarecedor remitir las experiencias poéticas de Vallejo a las experiencias personales vertidas en estas cartas. Procedente del modernismo, del simbolismo, el autor de Trilce llega a los ismos de entreguerras sin ninguna voluntad de acatamiento. Los frecuenta y los rebasa en un viraje que afecta a cualquier otro viraje de la poesía escrita en español por aquellos años. Un áspero flujo verbal, como de filo mellado, entretejido de neologismos, frases hechas, discordancias léxicas y sintácticas, posibilitan paradójicamente el equilibrio de un raro y prodigioso linaje poético. El escenario doméstico, el paisaje triste de la memoria son sometidos a toda clase de tensiones gramaticales hasta que desaparecen las marañas retóricas para dejar paso a una poesía absolutamente límpida. Ese puede ser otro de sus secretos: la armonía surgiendo del desorden. Algo que también se deduce del propio recuento de infortunios, querencias humanas, desvelos políticos testimoniados en estas cartas.

   Correspondencia completa. César Vallejo. Jesús Cabel (editor). Pre-Textos. Valencia, 2011. 380 páginas. 22 euros.

PRENSA. "El corazón del otro", artículo de Gustavo Martín Garzo

Gustavo Martín Garzo

   En "El País":
El corazón del otro

GUSTAVO MARTÍN GARZO 27/03/2011

   También la lluvia, la reciente película de Iciar Bollaín, ha vuelto a recordarnos la brutalidad de la conquista del Nuevo Mundo por parte de la España del siglo XVI. La película hace un atrevido paralelismo entre esa colonización y la no menos sistemática y brutal que los países más poderosos siguen llevando a cabo en tantos lugares del mundo a través de sus negocios e industrias. Uno de los protagonistas de aquella conquista fue Cristóbal Colón. ¿Pero es Colón alguien que solo pertenece a la historia o un modelo aún vigente de la insaciabilidad y soberbia que siempre han caracterizado las relaciones de Occidente con el resto del mundo? ¿Quién era este oscuro navegante, qué esperaba encontrar en aquel viaje? ¿La gloria, el poder, la riqueza, la salvación de su alma, acaso todo a la vez? Entregó su vida entera a una aventura insensata y todavía hoy nos preguntamos la razón. Una aventura que llevó a cabo en las condiciones más penosas, si consideramos que para escoltar a la infanta doña Juana, hija de los Reyes Católicos, en su viaje matrimonial a los Países Bajos, la corona fletó 130 buques con miles de soldados a bordo. Se nos ha dicho que quería encontrar una nueva ruta a las Indias, para evitar a los peligrosos piratas del Mediterráneo, pero ¿de verdad era eso lo que buscaba? Hay quien piensa que era un hombre religioso en cuyos sueños se compendiaban algunas de las grandes aspiraciones del mundo cristiano de la época: "el comercio directo con Oriente, el contacto con los misteriosos reinos cristianos del Preste Juan y el remate al ideal de la Cruzada con la toma definitiva de Jerusalén". Sin embargo, Cristóbal Colón también representa el modelo del hombre moderno, en que se combinan la mentalidad del científico y el naturalista con la del hombre pragmático que sueña enriquecerse. Todorov afirma que pueden darse tres móviles para la conquista. El primero, humano: la riqueza; el segundo, divino: la cristianización de los indígenas; y el tercero, relacionado con el conocimiento y el disfrute del mundo natural.
   Cristóbal Colón fue un hombre situado a caballo entre dos mundos: uno, el moderno, que trata de regirse por la racionalidad y la observación; y el otro, el medieval, lleno aún de mitos y oscuros prejuicios. Esta alternancia de modernidad y tradición podría explicar, al menos en parte, su compleja personalidad. Su despotismo, por ejemplo, no sería tanto el despotismo del que solo busca el poder y la riqueza, sino del que se cree investido de una misión superior y no duda en llevarla a cabo como sea, por pensar que sus cuentas no son con los hombres. Así era Colón, tan capaz de las observaciones más delicadas y conmovedoras, como de cortar las orejas y la nariz a un pobre muchacho al que cogen robando trigo.
   Sus diarios son una prueba de esa personalidad contradictoria. Vemos en ellos a un hombre culto, aficionado a la lectura, dotado de un espíritu crítico y moderno; pero también a alguien que aún no ha abandonado la oscura noche del mito y cuya visión del mundo sigue condicionada por los más extravagantes prejuicios. Así, y junto a precisas descripciones de los lugares que visita, de su fauna y su flora, o de los indígenas que le salen a recibir, habla de personajes tan imposibles como los come-hombres y los hombres-perro, o se pregunta cuándo se producirá ese encuentro que tanto teme con el unicornio, del que ha oído hablar en el libro de viajes de Marco Polo. O dicho de otra forma, su travesía no tiene lugar solo por una geografía real sino también por una geografía soñada, y de hecho, al menos en dos ocasiones, cree haber encontrado el paraíso terrenal. Era un viaje real y simbólico a la vez.
   De hecho, cuando los Reyes le reciben en Barcelona, a su regreso de su primera travesía, no lo hacen solo como si fuera un viajero ilustre, alguien portador de noticias acerca de nuevos mercados o países remotos con los que mantener relaciones provechosas, sino también como si viniera del mundo del mito. El hermoso relato que hace Björn Landström no puede ser más ilustrativo. La ciudad se engalana como para una fiesta, y cuando entra en el salón real los soberanos se levantan para recibirle, como habrían hecho con un igual. Acompañan a Colón las criaturas y productos de aquel mundo remoto. Varios indios casi desnudos, jaulas con cacatúas, pequeños perros que no podían ladrar. Arcas con algodón, áloe, especias y pieles de grandes iguanas. "Y grandes cestos llenos de oro: coronas de oro, grandes máscaras decoradas con oro, ornamentos de oro batido, pepitas de oro, polvo de oro". Colón iba presentando estos bienes a los soberanos, al tiempo que les hacía el relato de sus aventuras. Les habló de los caribes devoradores de carne humana y de las sirenas frente a Monte Christi, aunque aseguró que no había visto ninguno de los monstruos que los cosmógrafos creían existentes en las islas al fin de la Tierra. Toda una representación, que Colón lleva a cabo como el más avezado de los escenógrafos, presentando su descubrimiento del Nuevo Mundo como el fin de la época de escasez.
   Una cosa bien distinta era lo que había dejado atrás: tormentas, enfermedades, traiciones, la llegada a unas tierras extrañas y hostiles, donde nada era lo que había esperado encontrar.
   Y aun así, repite ese mismo viaje hasta cuatro veces, sin que en ninguna de ellas le vaya mejor que en las precedentes. Esta repetida frustración y las numerosas penalidades que tuvo que sufrir le volvieron un gobernante altivo e implacable, que incluso tuvo que regresar a España para responder a las numerosas denuncias que se hicieron en su contra, tal como relatan las historiadoras Consuelo Varela e Isabel Aguirre. "Aplicaba la justicia sin juicios, no distribuía víveres entre los colonos y no permitía que se bautizara a los indígenas para poder utilizarlos como esclavos". Puede que esos excesos tuvieran que ver con el fracaso de sus sueños, y con su incapacidad para aceptar sus errores.
   De hecho, la historia de Colón no es sino una sucesión de equivocaciones. No había estado a las puertas de los reinos del Gran Khan, ni las tierras que había encontrado tenían nada que ver con el paraíso del que habla la Biblia. Tampoco había oro, al menos en las proporciones que esperaba, ni sirenas u otras criaturas fantásticas. Solo avidez, traición, enfermedades y muerte, la historia eterna de los hombres. Se equivocó en casi todo lo que hizo, especialmente en su trato con los pobladores nativos de las tierras descubiertas, a los que nunca hizo el menor esfuerzo por entender. Solo le importaba lo que veía, o lo que creía estar viendo: no lo que los demás podían ver u observar, ni siquiera sus otros compañeros de expedición. Se sentía superior a ellos, sobre todo a los indígenas, a los que siempre consideró poco más que animales.
   Ese fue su mayor fracaso, y tal vez lo que más le acerca a nosotros, si consideramos el papel que seguimos cumpliendo con tantos pueblos. El Nuevo Mundo estaba en el corazón de los otros, y él, uno de los más grandes navegantes que ha existido, pasó a su lado sin apenas detenerse a mirarlo. ¿Sigue representado a esta Europa exhausta pero insaciable que somos?
                                                  Gustavo Martín Garzo es escritor.

PRENSA. 29 marzo 2011

   En "El País":

1. Locuras. Columna de Rosa Montero.

2. Aparición de Pynchon en Barcelona. Por Enrique Vila-Matas.

3. Boda forzosa, mejor prohibida. Reportaje de R. Carranco y J. García. Los casos de menores casadas a la fuerza plantean su conversión en delito - Cataluña sigue los pasos de Reino Unido, que lo persigue desde un departamento especial.

4. Crímenes económicos contra la humanidad. Artículo de Lourdes Benería, profesora de Economía en la Universidad de Cornell; y Carmen Sarasúa, profesora de Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona.

5. El periodismo como valor añadido. Artículo de Jaume Guillamet, catedrático de Periodismo de la Universidad 'Pompeu Fabra' de Barcelona. Las filtraciones de Wikileaks han puesto de relieve que solo adquieren valor informativo con la selección y la elaboración de los periódicos. A diario encontramos pruebas de esa necesidad de intermediación.

lunes, 28 de marzo de 2011

IES "MAIMÓNIDES". ARTE. COSMOPOÉTICA 2011. "Maimónides pinta a Góngora"

José Raúl Tejero


Elena Muñoz

   Hoy, a las 12 h, se inaugura la exposición "Maimónides pinta a Góngora", serie de variaciones plásticas y digitales inspiradas en el retrato que del poeta hiciera Velázquez.
   Han participado muchos alumnos, tanto en clases de Plástica como en Informática. Como no podemos mencionarlos a todos, en su nombre damos las gracias a José Raúl Tejero y Jesús Bustos.
   En cuanto al profesorado, también agradecimientos a Rosa Mesa y Francisco Javier León, por su labor en clase de Plástica; a Fernando García Ballesteros y a Paco Molero, por su disposición y trabajo en cuanto a la elaboración de los marcos; a Silvia Macías, por su trabajo en clase de Informática; y a Salvador Castañeda, por su trabajo en clase y por su entrega en el montaje de la exposición.
   Dada la gran cantidad de trabajos, ha habido que proceder a una selección. Ello no quita para que, en las próximas semanas, podamos contemplar todos los "retratos" de nuestro alumnado.

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Poema del libro "Arte menor", de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

   En Babelia, suplemento cultural de "El País": poema del libro Arte menor, de Juan Ramón Jiménez:


¡Luna en el día,
pluma de seda,
pecho de diosa,
mano de reina!

¡Oh, luna blanca!,
que en la turquesa
del cielo claro,
dormida, sueñas;

que, tras los parques
con sol, esperas
la brisa malva
que te despierta

-silencio vago,
violeta fresca
que abre el crepúsculo
sobre la tierra-...

Luna sonámbula,
princesa de pena, 
casi sin luz,
casi deshecha;

¡Oh, vida mía!
Ciega azucena,
luna sin luz,
ninfa viajera...

PRENSA. ARTE. "Lavado de cara para los ilustres del siglo XIX en el Ateneo"

Pío Baroja
   En "elpais.com":
Lavado de cara para los ilustres del siglo XIX en el Ateneo

   Un centenar de jóvenes artistas reinterpreta los retratos de 24 grandes figuras de la cultura española

SAMIRA SALEH - Madrid - 24/03/2011

   Larra, Azorín, Cela, Ortega y Gasset o Ramón y Cajal son algunos de los ilustres nombres que ayer estrenaron retrato en el Ateneo de Madrid . Más de un centenar de alumnos de la 'Escuela Arte 10' han reinterpretado, a través de la fotografía, el grabado, la ilustración y el diseño gráfico, a 24 de los grandes personajes de la historia, la ciencia y la cultura españolas, representados en la galería de retratos de la institución madrileña.
   Los estudiantes llevan cinco meses, desde el pasado mes de octubre, trabajando en la exposición 'Ateneo Ilustrado' (gratis hasta el próximo 11 de abril). Alejandro Cascallana y María Lorenzo son dos de los autores del lavado de cara para Ramón María del Valle-Inclán. "Nos inspiró la personalidad del escritor", aseguran estos dos artistas que han utilizado tatuajes para reflejar el carácter del creador del esperpento y renovar su imagen. Manuel Azaña emulando el conocido cartel de Barack Obama, Luis Buñuel retratado en la pupila de un gran ojo o Marcelino Menéndez Pelayo con un ordenador portátil de Apple, son algunas de las reinterpretaciones "muy personales" elaboradas por los alumnos a partir de la historia, el legado, o las citas de los personajes.

Azaña
   "Más de un centenar de estudiantes han participado en el proyecto", señala Miguel Ochando, uno de los profesores de la escuela de arte. Ochando destaca que algunos de los alumnos que han participado son de primer curso de modo que estos retratos son el primer trabajo que exponen fuera de la escuela.
   Para inaugurar la muestra, el Ateneo proyectó en su fachada un audiovisual de ocho minutos que congregó, a pesar de la lluvia, a muchos espectadores a las puertas del edificio de Prado 21. Al son de la sinfonía número cuatro de Mahler se retorcía la fachada de la que brotaban burbujas, gotas, chispas de colores, torrentes de letras, libros y luces de camerino. La proyección, dirigida por el profesor Blas Oliet también era obra de los artistas de 'Arte 10' que, según Alfonso Herrán, ideólogo de la iniciativa, continuarán colaborando con el Ateneo de Madrid.

Luis Buñuel


Camilo José Cela


Concepción Arenal


José María de Cossío


Espronceda


Larra


Ramón Gómez de la Serna


Juan Ramón Jiménez

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "La sirvienta y el luchador", novela de Horacio Castellanos Moya

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Una novela vertiginosa

FERNANDO CASTANEDO 26/03/2011

   Entre los detalles que nos indican el lugar y el tiempo en la última novela de Horacio Castellanos Moya se encuentra el asesinato del político democristiano Mario Zamora Rivas, muerto el 23 de febrero de 1980 a manos de un escuadrón de la muerte. En el libro, mientras algunos militares almuerzan en la cantina, el televisor anuncia el crimen y la llegada de una comisión internacional a El Salvador para investigarlo. Al oír la noticia un comensal pregunta: "¿Quién le habrá dado matacán a ese comunista? Porque nosotros no fuimos", y su compañero le responde: "El capitán cree que estamos infiltrados". Estas dos frases resumen el clima de insensibilidad, confusión y sospecha que reinaba por entonces en el país centroamericano. También retratan el universo en que se desenvuelven María Elena y el Vikingo, los personajes principales de esta novela coral.
   La sirvienta y el luchador narra las peripecias de ambos cuando vuelven a encontrarse en circunstancias extremas después de muchos años. El Vikingo, una antigua figura de la lucha libre reconvertido en policía y que se encuentra gravemente enfermo, participa con su escuadrón en el secuestro de una pareja de jóvenes. Al día siguiente, cuando María Elena acuda a limpiar la casa de los desaparecidos y se dé cuenta del suceso, buscará al viejo luchador para que la ayude a salvarlos. Si ella representa la impotencia de una persona vieja y pacífica, él refleja el embrutecimiento de un hombre simple y bruto que, no obstante, es capaz de culparla por no haberlo redimido con su amor. Sin embargo, el pasado que comparten sirve fundamentalmente para tramar la dura historia de cómo van cayendo una a una las esperanzas de todos los personajes salvo, quizá, la del joven y revolucionario nieto de María Elena, cuyas esperanzas son de destrucción y muerte. A su vez, la enfermedad terminal del luchador podría interpretarse como esa agonía sin fin que supone la perpetuación de la violencia. La podredumbre de su cuerpo, en la que se insiste constantemente, se correspondería con la que se ha infiltrado en el país, ramificándose en una densa maraña de pasiones e intereses sociales, familiares y políticos cuya principal consecuencia es el temor. Acierta Castellanos Moya con ese final inclemente y algo precipitado que, sin embargo, conviene a una novela vertiginosa, aristada y esencial.

La sirvienta y el luchador
Horacio Castellanos Moya
Tusquets. Barcelona, 2011
267 páginas. 18 euros

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Entrevista a Horacio Castellanos Moya y crítica de su última novela: "La sirvienta y el luchador"

Horacio Castellanos Moya. Foto: Luis Magán ("El País")

   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
"Es difícil desmontar los mecanismos del terror"

ROSA MORA 26/03/2011

El Salvador de 1980 es el escenario de La sirvienta y el luchador, la cuarta novela de la saga de los Aragón: una historia extrema y estremecedora en la que el autor resalta los detalles de la vida cotidiana "dentro de la peor de las crueldades"

   Las novelas de Horacio Castellanos Moya no dejan indiferente y La sirvienta y el luchador menos que ninguna. La intensidad de la prosa y la historia que narra no dan respiro al lector. "Es una historia tremenda, de personas que, en medio de conflictos terribles, expresan siempre lo más extremo del ser humano".
   Estamos en San Salvador en 1980, a finales de febrero y principios de marzo, poco antes del asesinato de monseñor Romero. Desde las primeras páginas sabemos que Albertico, nieto de don Pericles Aragón al que ya conocimos en novelas anteriores como Tirana memoria, y su mujer, Brita, han sido detenidos, quizá mejor secuestrados, y llevados al ignominioso Palacio Negro, donde se ablanda y tortura a los subversivos y de donde muchos desaparecen para no ser encontrados jamás.
   El Gobierno represor y los llamados subversivos, cada vez más organizados y armados, se enfrentan a muerte. "La situación en El Salvador era irreversible. Se pensaba que surgiría algo en el centro, pero no, no había remedio, los extremos atraían. La vida cotidiana en ese contexto político es como una gran nube oscura de la que no hay manera de escapar: los detalles de la vida cotidiana dentro de la peor de las crueldades".
   El Vikingo es un antiguo luchador. Está viejo y enfermo. Su tarea actual es la de ablandar a los detenidos, pero a él lo que le gusta es salir de pesca, a por la presa, pero ya no se lo dejan hacer, dicen que ha perdido reflejos, por eso lo tienen en los sótanos. Pero en esta ocasión, sí le dejan salir de caza, a por Albertico y Brita.
   María Elena sirvió en casa de don Pericles y de doña Haydée, y la familia Aragón le pide que atienda la casa de Albertico. Es ella, la que escucha las homilías de monseñor Romero, quien se da cuenta de que la pareja ha desaparecido. Teme lo peor. Reza porque no les hagan daño.
   Ante la pasividad de los Aragón, que confían en sus teóricos contactos para encontrar a Albertico y Brita, María Elena pasa a la acción. "Ella tiene la energía positiva que no tienen los otros personajes. Una energía moral que le impide estar paralizada por el miedo. No tiene ideas políticas muy claras, pero sí sensibilidad hacia la justicia. Puede hacer frente a una situación peligrosa. Transmite una idea de esperanza". En su frenético ir y venir para encontrar a los chicos, María Elena recurrirá al Vikingo, que en otros tiempos estuvo enamorado de ella.
   La sirvienta y el luchador está estructurada en cuatro partes y un epílogo. En la primera, descubrimos al Vikingo; en la segunda, a María Elena. La tercera es una explosión de voces: Belka, la hija de María Elena; Joselito, su nieto; la gorda Rita. En la cuarta, el Vikingo y María Elena volverán a encontrarse, en un hospital. "No es una historia de buenos y malos. Incluso en el Vikingo hay un atisbo de humanidad".
   Al final todos saldrán perdiendo. Es como si esa nube oscura de la que habla Horacio Castellanos Moya les castigase. Es la desolación. "A veces, la cotidianeidad se convierte en tragedia". El epílogo es duro, con un guiño de humor terrorífico. "Explica lo que vendrá, indica el túnel negro de la guerra, sus prolegómenos. La guerra saca lo peor y lo mejor del hombre".
   La saga de los Aragón se inició con Donde no estén ustedes (2003), siguió con Desmoronamiento (2006) y Tirana memoria (2008). ¿Habrá una continuación tras La sirvienta y el luchador? "Probablemente. Estas novelas van creciendo de forma espontánea. No tengo un diseño preciso de la saga, pero casi siempre queda un fleco suelto". Ojalá. El lector se pregunta qué será de Joselito, que tiene ahora 19 años y está con los subversivos armados.
   En El asco (1997), el escritor narra la demolición política y cultural de El Salvador; en el libro de relatos En la congoja de la pasada tormenta (2009), habla del miedo, de la violencia que trastorna la vida, de la guerra, del destierro, de las difíciles relaciones humanas. Son solo dos ejemplos de su obra, que estremece.
   Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, Honduras, 1957) se crió en El Salvador. "Mis historias son de El Salvador. Su eje es la experiencia de mi formación y crecimiento en este país. Quedé conmocionado. De ahí la radicalidad de mis temas".
   ¿Alguna vez podrá escribir sobre un país en paz? "Creo que yo no veré esa paz. El gran problema es que una sociedad vive aterrorizada por la violencia política y cuando se logra una cierta normalidad, vive aterrorizada por la violencia criminal. Cuando todo esto alcanza a dos o tres generaciones es difícil desmontar los mecanismos del terror. Centroamérica vive el cansancio de una vida en zozobra permanente".

PRENSA. 28 marzo 2011

   En "El País":

1. Madrid, Bengasi. Columna de Almudena Grandes.

2. Ácidos ecos de la sociedad vienesa. Reportaje de Ignacio Vidal-Folch. Una antología rescata 'La Antorcha' de Karl Kraus, la revista centroeuropea más relevante de la historia - Sus páginas retratan el declive del imperio austrohúngaro.

3. ¿Es esto una guerra? Reportaje de José María Ridao. El conflicto semántico sobre la presencia española en Libia responde a intereses ideológicos - Quienes la equiparan con Irak 'olvidan' el papel de la ONU.

4. La genética pone cerco al cáncer. Reportaje de Javier Sampedro. La secuencia de 2.000 genomas tumorales abre una era en la lucha contra la enfermedad - El 2% de los genes está implicado en la alteración de células.

5. Italia: después de la unidad. Artículo de Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política.

6. El modelo turco. Artículo de Hugh Pope, director del 'Proyecto Turquía / Chipre' del 'International Crisis Group' y autor de tres libros sobre Turquía, el mundo turco y Oriente Próximo. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. De régimen islamista pernicioso para Occidente a impío y apoyado por EE UU para sus vecinos, el mundo observa con admiración cómo puede ejercer el poder político un Gobierno representativo de la mayoría religiosa.

domingo, 27 de marzo de 2011

POESÍA. DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA (y 10). Felipe Benítez Reyes

Felipe Benítez Reyes

MISERIA DE LA POESÍA

La lenta concepción de una metáfora
o bien ese temblor que a veces queda
después de haber escrito algunos versos
¿justifican una vida? Sé que no.
Pero tampoco ignoro que, aun no siendo
cifra de una existencia, esas palabras
dirán que quien dispuso su armonía
supo ordenar un mundo. ¿Y eso basta?
Los años van pasando y sé que no.
Hay algo de grandeza en esta lucha
y en cierto modo tengo
la difusa certeza de que existe
un verso que contiene ese secreto
trivial y abominable de la rosa:
la hermosura es el rostro de la muerte.
Si encontrase ese verso, ¿bastaría?
Tal vez no. Su verdad, ¿sería tanta
como para crear un mundo, para darle
color nuevo a la noche y a la luna
un anillo de fuego, y unos ojos
y un alma a Galatea, y unos mares
de nieve a los desiertos? Sé que no.

POESÍA. DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA (9). León Felipe

León Felipe

Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.

ARTE. PINTURA. "Atravesando el mar Rojo", de Bernardino Luini (h. 1480-1532)

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Crítica de "Yalo", novela del escritor libanés Elias Khoury


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
Muñecos rotos en Beirut

JAVIER VALENZUELA 19/03/2011

   Elias Khoury es un buen ejemplo de la calidad y el empuje de los novelistas árabes que podríamos considerar hijos o nietos del maestro egipcio Naguib Mahfuz. Nacido en el seno de una familia cristiana libanesa, aunque personalmente descreído, Khoury es asimismo conocido por su intenso compromiso con la causa del despojado pueblo palestino, sobre la que escribió una exitosa novela polifónica llamada La Cueva del Sol. Ahora el escritor libanés nos propone con Yalo un nuevo tour de force en su narrativa. El constante tejer y destejer de la historia de esta novela la emparenta con Las mil y una noches; la investigación procesal que sustenta la trama, con Kafka, y el carácter marginal de su protagonista, con Genet.
   Yalo trata de personas rotas en una ciudad desgarrada. Chirín, que denuncia haber sido víctima de una violación, es una mujer rota, como también lo es Gabi, la madre del denunciado. En cuanto al acusado, Daniel Abel Abyad, más conocido como Yalo, es un amasijo de cristales fragmentados que ni él mismo sabe cómo recomponer. La ciudad en la que todo transcurre es la sensual y salvaje Beirut, que en esta novela huele a mar y a anís, a sangre y a incienso, a pinos y a vómito.
   Resulta muy difícil solicitar compasión para un presunto violador, pero tal es el ejercicio al que se entrega Khoury. No para justificarlo, sino para contarlo. Yalo es un hijo del tormentoso Líbano multiconfesional. Su abuelo, huérfano tras una de las muchas masacres étnicas y religiosas de Oriente Próximo, es un cura siriaco de talante autoritario y delirios místicos. Le cuenta a Yalo que Ismael, el antepasado de todos los árabes, "fue arrojado al desierto con su madre Agar, donde recibió el bautismo de las lágrimas". Y sí, hay más lágrimas que risas en la historia de los árabes.
   Yalo es también un hijo de las guerras civiles libanesas. A los 14 años se enrola en la milicia de los machos cabríos, en la que descubre que "el sabor de la sangre y el sabor de la miel son iguales". Instalada una frágil paz en el país de los cedros, Yalo trabaja como guarda de la finca de un traficante de armas hasta que es detenido y acusado de violar a Chirín, de la que está locamente enamorado, y de toda suerte de delitos de robo y terrorismo. Ya no puede caer más bajo, se ha transformado en "un cordero que sacrificarán en expiación por todos los demás". Bajo tortura o en la celda, Yalo rememora su vida sin saber lo que es cierto, lo que es fantasía y lo que tan sólo es un mochuelo que intentan colgarle. No obstante, de este ejercicio febril van emergiendo unas cuantas verdades. Algunas sobre sí mismo: "Nací ahorcado y la soga de sangre ha sido mi única herencia". Otras sobre Chirín: "Cuando la voz de una mujer se quiebra, eso significa que su corazón ha enronquecido sin remedio". Y no pocas ontológicas: "¿Por qué nos creó Dios? ¿Quizá para que sufriéramos e hiciéramos sufrir?". Khoury termina logrando su tour de force: aquel que no sienta empatía por el sufrimiento de un ser humano no es digno de ser llamado humano.

Yalo
Elias Khoury
Traducción de Jaume Ferrer Carmona
Alfaguara. Madrid, 2011
347 páginas. 19,50 euros
Libro electrónico: 12,99 euros

PRENSA CULTURAL. "Babelia". Entrevista a Elias Khoury, autor libanés, sobre su última novela, "Yalo"

Yalo "es producto de una sociedad colapsada", dice Elias Khoury sobre el protagonista de su novela.- Jon Uriarte ("El País")


   En Babelia, suplemento cultural de "El País":
'Nadie tiene una sola identidad'

JUAN GÓMEZ 19/03/2011

   El escritor libanés narra una historia de amor y tortura sobre un fondo de guerra. El protagonista de Yalo es víctima y verdugo, y alcanza la redención a través de la literatura.

   Elias Khoury (Beirut,1948) celebra las revueltas árabes como "algo extraordinario". Traducidas a 10 idiomas -el hebreo entre ellos-, sus novelas se cuentan entre las más valoradas de la narrativa actual en árabe. Ahora reside temporalmente en Berlín gracias a una beca que le permite terminar su nuevo libro en un tranquilo barrio residencial. Su novela Yalo acaba de publicarse en España.

   PREGUNTA. En Yalo, las escenas extremas de violencia contrastan con la apasionada historia de amor del protagonista.
   RESPUESTA. Es una historia sobre la tortura y sobre el amor. Pero los torturadores del protagonista, Yalo, usan una técnica especial: no sólo abusan de él físicamente, sino que le obligan a contar la historia de su vida.

   P. Una y otra vez, para obligarle a confesar lo que ellos quieren.
   R. La historia entera son las confesiones que él escribe. Las diferentes versiones de su vida. Cuando te obligan a confesar una y otra vez, siempre cosas distintas, al final acabas desapareciendo. Te destruyen. Pero Yalo descubre que escribir también le puede servir para construir su personalidad. Se produce una lucha entre la deconstrucción y la construcción de una historia, en dos contextos: la guerra civil de Líbano, que no está presente pero juega un papel crucial en la memoria, y la historia familiar de Yalo. La pérdida de su lengua, el sirio, y lo variado de su formación recuerdan que nadie tiene una sola identidad. El abuelo, que es un cura, fue educado por un musulmán que ocupó su pueblo natal... todos tenemos identidades diversas. Si alguien le dice que sólo tiene una identidad, esté seguro de que es un fascista.

   P. Yalo es, a la vez, víctima de la guerra y verdugo.
   R. Pero la escritura y el amor le permiten reconstruir su propia historia. Se da cuenta de lo que ha hecho cuando se enfrenta a la opresión.
   P. Hay un momento de la novela en el que decide, por primera vez, escribir por su propia iniciativa. Lo primero que escribe son tres frases: "Nadie puede escribir una vida; los deseos, deseos son; todas las ideas son robadas".
   R. Escribir también es reescribir. También es un acto de reconstrucción. Todos los escritores pasamos por ese proceso de altibajos, de reescritura, de pérdida y recuperación de la confianza... Yalo descubre esa clave de la escritura, que no es la realidad, sino la imaginación. Empieza a imaginar para entender su propia vida. No sólo los escritores lo hacemos, sino todo el mundo. Inventamos la vida, que no viene dada. Incluso la memoria es imaginación. Yalo no tiene una narración para su vida, lo mismo que la ciudad en la que vive. Al final la compone y se da cuenta de que su material es el dolor.

   P. Su personaje, Yalo, se miente mucho y miente a los demás.
   R. Como escritor, llega un punto en el que tienes que decidir si crees a tus personajes o no. A mí me sucedió con Yalo, nos hicimos amigos.

   P. No es un tipo al que coger cariño con facilidad...
   R. No estoy de acuerdo. Es un criminal contradictorio, pero al final queda purificado por el amor y por la escritura. Todos tenemos aspectos oscuros.

   P. Pero no todos son violadores y ladrones.
   R. No sabemos por qué no hacemos algunas cosas. Quizá no nos atrevemos o no tenemos la posibilidad de hacerlas. En mis experiencias de la guerra civil, fui testigo de las cosas horribles de las que es capaz el hombre. No quiero defender al personaje, pero también él es una víctima. Lo que hace es muy propio de la guerra y muy propio de los soldados. Los crímenes de Yalo sólo se entienden en su contexto social y político. Es producto de una sociedad colapsada, con un sistema político que depende de las religiones, en una región destruida por una invasión extranjera, por parte de Israel. No es una novela realista, porque creo que la literatura es una realidad paralela a la realidad, pero hay una línea de sangre que puede seguirse en el pasado hasta la locura inicial de los movimientos nacionalistas. Desde las masacres de armenios por parte del Imperio otomano.

   P. ¿Cómo valora el reciente desarrollo político en la región?
   R. Es algo gigantesco. 2011 es el inicio del siglo XXI en el mundo árabe. Algunos hemos luchado por esto toda nuestra vida. Lo que pasa es esperanzador, y también es una vergüenza para Europa y Occidente, que nos daban lecciones de democracia mientras se llevaban de maravilla con los dictadores más sangrientos, como Gadafi. Otra lección es la que da Israel, que sigue prefiriendo aliados sanguinarios como Mubarak. El discurso, hasta hoy, era que los árabes no nos merecemos democracias, porque en el fondo somos una mierda. El mundo árabe sigue bajo las botas de regímenes brutales. La revolución tiene algo misterioso: llega un momento en el que el miedo se disipa. Está sucediendo ahora. Los libios siempre supieron que Gadafi es un idiota que compraba a todo el mundo. Su régimen es una combinación de terror y dinero. Parecen haberle perdido el miedo. Creo que lo próximo será una gran Intifada en Palestina. Pero una Intifada pacífica, con cientos de miles tomando las calles.